Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

El antiimperialismo de la revista Indoamérica: México 1928

The anti-imperialism of Indoamérica magazine: Mexico 1928

O anti-imperialismo da revista Indoamérica: México 1928

Ricardo Melgar Bao

 

Indoamérica se inscribió en ese género poco estudiado de la revista militante que floreció durante el periodo de entreguerras mundiales, la cual, en su calidad de aprista, se orientó a expresar su identidad. Igualmente cumplió la función de fijar los límites de su organización y más allá de ellos, irradiar sus ideas y tejer lazos relevantes con sus pares y afines. Considerando que son las adhesiones ideológico-políticas las que permiten dilucidar su carácter y su pertenencia en el campo histórico cultural, entre su heterogeneidad y sus contradicciones, Indoamérica es filiada como una revista antiimperialista, al igual que otras de su tiempo, como: Boletín Renovación de la Unión Latino Americana (ULA),[1] La Batalla (Melgar, 2006-2007), vocero de Unión Centro Sud Americana y de las Antillas (UCSAYA), El Libertador, órgano de la Liga Antiimperialista de las Américas (LADLA) (Melgar, 2006). Por ese entonces, la frontera de género entre boletín y revista era tan laxa y difusa, que los historiadores coinciden en filiar al Boletín Renovación como revista.[2] No es el único caso, si recordamos al Boletín Titikaka dirigido por Gamaliel Churata, aunque este último fue más de carácter cultural que político. Eran tiempos también en que la diferenciación entre el campo político y cultural estaba en ciernes, por lo que varias revistas se ubicaron en una zona liminar, como fue el caso de Amauta y Repertorio Americano. Lo que era un hecho indiscutible es que las revistas y los periódicos se habían erigido en las principales fuentes de modelación intelectual y política, dejando a los libros en segundo plano o convirtiéndolos en parte de su proyección letrada.

La revista de izquierda o su versión particular como revista antiimperialista, fue significada en primer lugar por su carácter beligerante en los terrenos ideológicos y políticos, exponiendo su punto de vista acerca de ciertas corrientes de ideas, hechos y acontecimientos nacionales, continentales y mundiales. En síntesis, fue un vehículo de exposición de ideas y símbolos que incidieron en la modelación de su identidad colectiva y sustanciaron su labor pedagógica. La pedagogía militante de las revistas antiimperialistas recurrió a la figura argumental de la reiteración, tanto en sus ideas como en sus imágenes.

El APRA, en algunos países, logró editar sus propios órganos de expresión antiimperialistas a partir de 1927: boletines, revistas, hojas sueltas, afiches, volantes y postales. Sus publicaciones periódicas, aunque tuvieron corta existencia fueron importantes, porque permiten dar cuenta, tanto de la poco estudiada diáspora del exilio peruano y del aprismo continental, como de sus puntos de unidad y disenso. Un obstáculo para la investigación ha sido la dificultad para acceder a sus colecciones privadas, ya que son inexistentes en las hemerotecas públicas de las ciudades y países donde fueron editadas o distribuidas, salvo una excepción: Atuei (1927-1928), cuya colección completa es accesible en la Biblioteca del Instituto de Filología y Lingüística de La Habana. De otro lado, la fotocopia tomada en 1980 de cinco ejemplares de Indoamérica nos permitió solventar el presente trabajo.[3]

Analizaremos las condiciones en que se constituyó la célula aprista en México, editora de la revista, así como sus redes intelectuales y políticas. Se pondrá especial atención a la orientación que le imprimió Haya al quehacer de los apristas en México a través del intercambio epistolar y su activa presencia entre diciembre de 1927 y mediados de 1928, vísperas de la edición de Indoamérica. Daremos cuenta del modo en que Haya y la célula de México jugaron un papel decisivo en la ruptura con José Carlos Mariátegui y el colectivo socialista de Lima, hecho trascendental para la vida política peruana. Contra lo que se podía esperar, la célula del Apra en México, en octubre de 1928, propagandizaba y vendía dos publicaciones de Mariátegui: La escena contemporánea (1925) y La Reforma Universitaria (1928), ésta última editada en Buenos Aires por la Federación de Estudiantes de la UBA, como parte de sus otras publicaciones.

 

Haya de la Torre y la célula del Apra en México

Haya de la Torre arribó por segunda vez a tierras mexicanas con un proyecto más definido sobre Indoamérica, respaldado sobre las redes políticas e intelectuales que cultivó durante su primera estancia exiliar. Las fue ampliando y depurando entre diciembre de 1927 y los primeros días de julio de 1928. La célula del APRA en México se encontraba en condiciones de reconstituirse con la llegada de otros desterrados peruanos procedentes de diversos países. La confluencia aprista sobre México fue más voluntaria que azarosa.

Haya trabajó con ahínco en la dirección de reconstituir ya no la célula aprista en México sino darle el perfil de «Sección Mexicana del APRA», pensando en una política desde el lugar de su exilio hacia el Perú e Indoamérica y una política hacia el interior de México. En enero de 1928 continuaría su gira por el interior del país en su condición de conferencista, mientras la campaña en contra impulsada por Mella reaparecía el 7 de enero desde su columna anónima en El Machete. Era una nota forzada, basada en su comentario de un cable sobre la reciente manumisión de 250 mil esclavos en Sierra Leona, en ese entonces colonia británica, con la finalidad de recusar la tibia postura de Haya acerca del colonialismo británico.[4] Mientras tanto, tras la fachada de la «Sección Mexicana del APRA» se gestaba un nuevo proyecto orgánico y político. Su máximo dirigente, un 18 de enero, en carta dirigida a Eudocio Ravines, escribió: «Nuestra sección va aumentando grandemente. Se ha formado ya (secreto) el Comité organizador y director del Partido Nacionalista Libertador del Perú adherido al APRA».[5] Los hechos desmentían su entusiasmo epistolar, considerando que fueron infructuosos los esfuerzos de Haya para reagrupar a sus paisanos Jacobo Hurwitz y Nicolás Terreros en el seno del APRA. Acerca de ellos expresó: «no me buscaron. Yo les busqué y logré que viniera Hurwitz. Los dos confesaron su deslealtad, etc., pero obligados por mis enemigos no han vuelto».[6]

Víctor Raúl Haya de la Torre, por Gabriel Fernández Ledesma, 1927
Imagen 1. Víctor Raúl Haya de la Torre, por Gabriel Fernández Ledesma, 1927. http://museoblaisten.com   

El 10 de mayo del mismo año, Manuel Vásquez Díaz y Carlos Manuel Cox, dirigieron una carta a los profesores de la Universidad Popular «González Prada» en el Perú, informándoles sobre la fallida gestión que les fue encomendada con la finalidad de reintegrar a las filas del Apra a Nicolás Terreros y a Jacobo Hurwitz. Afirmaron haber tenido dos reuniones, la primera fue suspendida «sin llegar a conclusiones», aunque dijeron, que al ser inquiridos sobre su parecer acerca de la campaña librada desde las páginas de El Machete y El Libertador contra Haya, respondieron que la «condenaban». A la segunda únicamente concurrió Hurwitz porque ya Terreros había emprendido viaje a Moscú. En ella expresó que no tenían «objeción alguna al Apra», lo que implicaba que se encontraba en una posición marginal y fronteriza respecto a la célula. En dicha carta, los firmantes resumieron su versión sobre el punto de discrepancia que motivó el alejamiento de Terreros y de Hurwitz de la Célula del Apra en la ciudad de México: «Nos manifestaron que ellos no estaban en contra del Apra, que creían sí que el Apra no debería tener fines continentales, puesto que la obra continental existía, desde hace algunos años, la Liga antiimperialista».[7] Si no se trataba de proyección continental, se desprende que la agenda debería ser peruana. Concluida la reunión Cox y Vázquez le levantaron a Hurwitz los siguientes cargos con la pretensión de justificar su moción de expulsión de la Universidad Popular: 1) haber pedido ayuda económica para viajar fuera del país para distanciarse del PCM y volver a las filas del Apra, sus presuntas defecciones en el movimiento inquilinario en Panamá  y el movimiento estudiantil en Cuba; 2) por haberse dedicado a una «vida sensual», no muy diferente a la que dicen, vivía en México; 3) por antecedente de «su suspensión como profesor de las Universidades Populares.[8] Sorprende el tenor de la carta, por pretender borrar fronteras orgánicas y políticas entre el Apra y la Universidad Popular traslapando sus presuntas acciones censurables en el extranjero, al seno de la entidad educativa peruana. En realidad, promover dicha sanción tuvo que ver con su ruptura con el Apra. No existe evidencia conocida de que fuese llevada a cabo.

Mientras la célula del Apra en México publicaba el primer número de Indoamérica, su vocero, Víctor Raúl se encontraba ya en Guatemala. El fundador del Apra, había cifrado sus mayores expectativas políticas en México y en la célula aprista, la cual pensaba que seguiría jugando un papel relevante con respecto a ese doble juego entre insurreccionalista y electoral (Chang Rodríguez, 2007: 233).

Jacobo Hurwitz afirmó en su carta de renuncia al Apra que su origen y escisión:

La célula de Méjico - la 'numerosa' célula del Apra en Méjico la constituíamos, hace más de un año, Nicolás Terreros, Esteban Pavletich y yo. (....) La escisión. En momentos en que, para librarse de las dudas y encontrar su recta orientación, la célula de México esperaba las decisiones de Bruselas, salió de este país Esteban Pavletich declarándose en Cuba francamente aprista; mientras Nicolás Terreros y yo permanecíamos fieles a la Liga Antiimperialista de las Américas que acataba los acuerdos de Bruselas e iniciaba el estudio de la posible realización del Congreso Continental. La célula del Apra en Méjico se había disuelto prácticamente... [9]

Portada del número 1. Grabado de Gabriel Fernández Ledesma
Imagen 2. Portada del número 1. Grabado de Gabriel Fernández Ledesma

En realidad, la agrupación aprista en México estaba compuesta por algunos más, incluyendo a mexicanos y un colombiano como hemos mencionado con anterioridad y ratificado en las páginas de su vocero Indoamérica.

 

Definiendo campos y orientaciones

El mexicano Manuel Gallardo Bolaños, pintor y escritor vanguardista, fungió como editor de Indoamérica a lo largo de sus cinco números, los cuales fueron publicados entre los meses de julio y noviembre de 1928 coincidiendo con la culminación del gobierno de Plutarco Elías Calles. Este régimen financió más de una revista antiimperialista editada por los exiliados latinoamericanos y caribeños. Recordemos que el régimen de Calles brindó apoyo contra la ocupación estadounidense en Nicaragua (Maingot, 2005: 40). Aunque la orientación de la revista recayó en manos de la célula del APRA en México, en su portada se autoproclamó como la «Sección Mexicana del A.P.R.A.». No bastaba autonombrarse como tal para serlo, considerando el abismo existente entre una pequeña célula en la capital y una organización nacional o con pretensiones de serlo. A diferencia de países como Cuba, Guatemala y Costa Rica, donde se había logrado estructurar secciones nacionales del APRA, en México distó de ser un proyecto cumplido, acaso por el peso hegemónico del exilio peruano en su seno, que terminó recortando su proyección, al privilegiar una política hacia su país de origen.

La Célula aprista en México, en lugar de una declaración o una editorial para presentar a la revista Indoamérica, optó por consignar unas «Notas» políticas las cuales fueron estructuradas en tres campos.

En ellas, los apristas enfatizaron en primer lugar su proyección en el continente conforme a la caracterización político-regional sustentada por Haya en el Congreso de Bruselas y que ubicaba a México en el Caribe como un eje estratégico de la lucha antiimperialista:

México, eje del conjunto de países bañados por el Mar Caribe, - Mediterráneo Americano [como] se le ha comenzado a llamar, - sufre como ningún otro sector afectado por el Imperialismo, las acometidas diplomáticas, militares, culturales y permanentemente la decisiva infiltración de económica. La experiencia viva que tienen aquí los pueblos más distantes de Nuestra América es invalorable. De ahí la trascendente misión de una publicación antiimperialista salida de México o de cualquier otro país de esta zona. Necesitamos constatar y denunciar todos los pasos del imperialismo, desde sus ofensivas bélicas, brutalmente elocuentes, hasta aquellas intromisiones sigilosas y difíciles de ser captadas, cuando se está distante del escenario y no se es actor de dicha tragedia.[10]

 

Si la idea fuerza que guiaba a la célula aprista era la denuncia y la lucha antiimperialista, en un contexto político, en el que la izquierda cominternista cuestionaba su veracidad y legitimidad, el reto se acrecentaba. La coyuntura continental se prestaba para tomar posiciones, signada por la resistencia armada antiimperialista en Nicaragua liderada por Sandino, la controvertida realización del VI Congreso Panamericano en La Habana y el conflicto fronterizo entre Honduras y Guatemala. Los apristas se explayaron al respecto:

El último Congreso Panamericano de La Habana nos ha demostrado una vez más que el enemigo es bifronte y que urge atacarlo en su doble atrincheramiento. Los avances del imperialismo son favorecidos por las castas gobernantes de los países indoamericanos. Aún más, con flagrante traición a nuestros pueblos, contribuyen a hacerle el juego al imperialismo cuya siniestra política consiste en dividirnos para imperar. (…) El caso de Honduras y Guatemala riñendo por tierras ya enajenadas a la Guayamel Fruit Company mientras que pocos kilómetros más allá las valerosas y heroicas huestes de Sandino, dictan la gran lección a seguir, es alarmante como revelación de ceguera y criminan inconsciencia.[11]

 

La contienda entre los gobiernos de Guatemala y Honduras, tenía como trasfondo la disputa por las fronteras agrícolas entre las empresas bananeras United Fruit Company y Guayamel Fruit Company, sobre una franja fronteriza de 3.500 Km. Cuadrados.[12]

La presentación de la primera portada de la revista Indoamérica mostraba en su primer campo incluía un recuadro que tenía como contenido un epígrafe extraído de la editorial de L´Humanité, el vocero del Partido Comunista de Francia. Este referente ideológico no era menor toda vez que nos indica que los apristas, no obstante haber leído las más recientes publicaciones de Haya acerca del continente y del imperialismo, no escaparon al influjo del pensamiento cominternista de la época. El epígrafe decía:

La mayor parte de los pueblos de la América Latina, son en realidad monarquías feudales o semifeudales. Por lo mismo, el contenido social de la lucha antiimperialista es ante todo de la revolución democrática, el aniquilamiento de los últimos vestigios feudales, la liberación de los campesinos, la revolución agraria. Solamente detrás de ello se dibujan los contornos de un block de repúblicas obreras y campesinas independientes, en la lucha contra el dólar (Haya de la Torre, 1976: 155).[13]

 

El punto de convergencia entre apristas y comunistas acerca de la lucha antiimperialista no giró solamente en la identificación de los Estados Unidos como principal amenaza, sino también, en su brega contra la feudalidad,  pivotes programáticos para forjar la unidad de las repúblicas independientes sobre la base de un nuevo orden y de una segunda independencia.[14] En cambio, la principal divergencia entre estas dos corrientes se fue profundizando cada vez más en torno al carácter de la clase media y su presunta función dirigente. El punto de quiebre vino con los alcances del VI Congreso de la Internacional Comunista, que se venía celebrando en Moscú durante los meses de julio a septiembre de 1928 y cuyos avances fueron reproducidos por la prensa cominternista latinoamericana.

En el segundo campo, los apristas presentaron sintéticamente su doctrina  sobre el imperialismo y la particularidad y unidad continental,  con tonos martianos y marxistas:

Afiliados a las causa de la liberación de Nuestra América, ajustaremos nuestra conducta a los dictados de ese gran propósito. Pero creemos con Engels, que es necesario descubrir la realidad, no inventarla. Trabajaremos por esclarecer los problemas de América, inspirados en las necesidades de nuestros pueblos.

(…) Mientras el capitalismo generador del imperialismo no pueda ser destruido totalmente, buscamos nuestra emancipación a través de la nacionalización de la riqueza y sobre la firme base de una grande y fuerte confederación de pueblos indoamericanos que contrabalancee el enorme poder imperialista de los Estados Unidos, evitando la absorción definitiva de nuestros pueblos.[15]

Desterrados apristas en México, 1929. De izquierda a derecha: Pavletich, Carlos Manuel Cox, Magda Portal, Serafín Delmar, Haya de la Torre, Luis Eduardo Enríquez y Manuel Vásquez Díaz
Imagen 3. Desterrados apristas en México, 1929. De izquierda a derecha: Pavletich, Carlos Manuel Cox, Magda Portal, Serafín Delmar, Haya de la Torre, Luis Eduardo Enríquez y Manuel Vásquez Díaz. https://www.centrolombardo.edu.mx/  

Prosiguiendo con su argumentación, la opción política antiimperialista demandaba la creación de una confederación de los pueblos indoamericanos que luchase a favor de la «justicia social». De alguna manera asumía el rostro de una posición neobolivariana. En síntesis, sostuvieron: «No dislocamos el antiimperialismo, que es anticapitalismo, de la emancipación de los productores».[16]

En 1928 la base social interclasista del proyecto aprista dejaría de ser compatible con las posturas que pronto asumiría la Internacional Comunista.  Los apristas postularon:

Nuestra acción debe dirigirse en el sentido de contener inmediatamente su avance por medio de un organismo de Frente Único que comprenda en sus rangos las clases afectadas (trabajadores manuales, obreros, campesinos y trabajadores, intelectuales, clases medias, maestros, estudiantes, etc.). Sin ambiciosos programas, insistimos en la necesidad de libertarnos, como paso previo, de las actuales castas gobernantes, agentes del imperialismo, para destruir el actual régimen económico feudal, que mantiene la tierra improductiva, favoreciendo la introducción incontrolada de capital imperial.[17] 

 

Al continuar con la fundamentación de su ideario y proyecto político, es importante hacer notar una idea que contraría la reiterada visión historiográfica aprista que sostiene que  Haya, en  mayo de 1928 en México, culminó su teoría acerca del imperialismo y el modo de combatirlo. Compartía una idea atribuida a Lenin que distorsionaba su pensamiento, la de que el imperialismo «es la última etapa del capitalismo» (Haya de la Torre, 1936: 89),[18] en lugar de etapa superior, pero que relativizaba su vigencia para el caso latinoamericano. Según la historiografía aprista, Haya sostuvo en 1928 que el imperialismo a diferencia del curso seguido en Europa como fase superior del capitalismo, en nuestro continente, cumplía el papel de primer inductor del capitalismo, por lo que representaba su primera fase. Esta, constituyó una de las tesis centrales de su libro El Antiimperialismo y el Apra.

El tercer campo de la presentación, se centró en el nombre de la revista, el cual signaba esa veta de autoctonía ideológica y política que caracterizó al aprismo y que sintetizaba el término Indoamérica. Hubo sí, entre sus adherentes, la necesidad de aclarar su sentido y diferenciarlo de los tradicionales enfoques de factura positivista acerca de la raza:

El nombre de nuestra revista no representa, como pudiera creerse, un criterio racial, Indoamérica, es una adhesión al pueblo indígena, que por el fenómeno de la conquista es esclavo y no ha podido romper sus cadenas, en toda la extensión de América. El indio constituye el setenta por ciento de la población de América y coincide en ser la mayoría explotada e irredenta. Es, además, según todas las consideraciones históricas, el mejor nombre para los países situados al Sur del Río Bravo.[19]

 

Se puede discutir el peso demográfico de la población indígena para 1928, no su condición de ser parte sustantiva de la fuerza de trabajo expoliada y oprimida en varios países. En esta dirección, la resignificación aprista del nombre del continente asumió un explícito sesgo antiimperialista que no se le puede regatear. La réplica de Haya frente a los términos más usuales en la época voceados por las corrientes del hispanoamericanismo, latinoamericanismo y panamericanismo fue ganando audiencia en las filas de la nueva generación intelectual y del movimiento universitario reformista del continente.

Indoamérica, al decir de Haya, respondió a la necesidad de los apristas de contrarrestar la corrosiva propaganda comunista en contra suya desplegada a través de El Machete. La preocupación por la autoctonía también estaba presente en los comunistas mexicanos, no por casualidad prefirieron el símbolo del machete al de la hoz, más vinculado a las tradiciones campesinas europeas. Volviendo a Indoamérica, afirmamos que pretendió al lado de Atuei, la primera publicación aprista en la región Caribe, iniciada en Cuba en noviembre de 1927, potenciar con mayor fuerza su irradiación política en las áreas de Mesoamérica y del Caribe. Sin embargo, Atuei en septiembre de 1928 y sus editores, fueron reprimidos y su vocero censurado y prohibido por el gobierno autoritario de Machado en Cuba. (Melgar, 1993). En cambio, Indoamérica logró sobrevivir tres meses más hasta ver agotadas sus fuentes de financiamiento. 

El cierre de la presentación de la revista, recusó la acusación de los cominternistas mexicanos sobre su adhesión a la lucha sandinista. La réplica aprista, mencionó que sus detractores pertenecían a un «grupo seudo revolucionario» que venía sembrando dudas sobre su papel político en la lucha antiimperialista entre los centroamericanos, por lo que los acusaron de divisionistas en aras de «mantener su punto de vista exclusivista europeo, frente a la realidad económica y social de Indoamérica».[20]

Reivindicaron el hecho de que su apoyo a la participación de Haya en una comisión de vigilancia electoral al lado de José Vasconcelos y de Alfredo Palacios, respondía a una invitación realizada por la Federación Obrera de Nicaragua. No hay evidencias que haya sido así, las cartas de Haya permiten ratificar que se trató de una iniciativa suya. Es posible que la Federación Obrera de Nicaragua (FON) vinculada a la Confederación Revolucionaria Obrera Mexicana (CROM) de Luis Morones y afiliada a la Confederación Obrera Panamericana (COPA) haya visto con buenos ojos tal iniciativa. La FON no fue representativa de los trabajadores nicaragüenses pero sí tenía limitada presencia en medios artesanales de Chinandega, León, Managua y Granada e insolidaridad frente a los trabajadores en las plantaciones bananeras. La FON, entre 1924 y 1925 abogó a favor de la discutible fórmula Solórzano-Sacasa[21] aunque, gracias a la mediación del poeta Salomón de la Selva, se manifestó en contra de la ocupación norteamericana en la V Conferencia Panamericana. La acusada influencia liberal y monroísta llegaba a su fin (Fajardo, 2003: 419).

Serafín Delmar, por Gabriel Fernández Ledesma
Imagen 4. Serafín Delmar, por Gabriel Fernández Ledesma. http://museoblaisten.com

En el escenario mexicano, hubo un giro político no previsto por los actores políticos revolucionarios, el cual afectó también las expectativas políticas de los apristas. La edición del segundo número de Indoamérica fue sensible caja de resonancia de un infausto acontecimiento, el asesinato del general Álvaro Obregón, virtual ganador de la contienda electoral para la presidencia de la República.

Los alineamientos políticos socialistas y nacionalistas ocurridos después del asesinato de Obregón, el 17 de julio de 1928, dieron inicio a un proceso de convergencia liderado por Plutarco Elías Calles en el cual los apristas quedaron en sus márgenes y por ende, un poco después, del Partido Nacional Revolucionario. Sin embargo, las ideas políticas de Haya de la Torre, coadyuvaron a redondear la propuesta de Calles acerca del  partido-estado. (Garrido 1991: 73),   En la marginación del aprismo había incidido tanto la extranjería de la mayoría de sus cuadros, como el mantenimiento de sus redes vasconcelistas. Una y otra razón, descalificaron al aprismo. El reposicionamiento político de la célula, dejó atrás su efímero proyecto de constituir la sección nacional mexicana, optando por comprometerse aún más en torno al horizonte político centroamericano y en particular al peruano. En México se había iniciado ya el proceso de convergencia de los partidos socialistas regionales, el cual derivaría un año más tarde en la constitución del Partido Nacional Revolucionario.

Frente al homicidio de Obregón, el Apra se pronunció condenando el atentado:

…unimos nuestra vibrante protesta que interpreta el sentir de los antiimperialistas de América Latina. En el concierto de voces que se han escuchado por este atentado contra uno de los representativos de la revolución mexicana, no podía faltar la nuestra. (…)

Teníamos fe en que el general Obregón, durante el segundo periodo de gobierno, avanzara por ese camino continuando su propia obra y la del general Calles. Su muerte, gestada y consumada por el catolicismo fanático nos está dictando una gran lección: que Roma y Wall Street, pese a sus diferencias formales, se alían para sembrar el desconcierto y la división y así esclavizarnos más fácilmente.

La bandera triunfante de la Revolución no podrán conducirla sino aquellos que inspirados en la necesidad de unir a nuestros pueblos, abandonen pasiones subalternas y contribuyan a este gran propósito.[22]

 

Este pronunciamiento del Apra preveía que el relevo se iba inclinando a favor de Calles bajo la figura de una prórroga en el mandato presidencial por dos años más:

Algunos sectores revolucionarios han pedido que continué en el poder el general Calles ante la urgencia de continuar sin tropiezos la obra revolucionaria. La reforma constitucional que amplía a dos años más el mandato presidencial entraría en vigor desde luego. El plebiscito se está produciendo en forma espontánea y al margen del protocolo electoral y estamos seguros que más aclarado el camino y sus peligros, México saldrá triunfante de esta grave crisis que ha estado a punto de precipitarlo a nuevos conflictos políticos.[23]

 

El alineamiento formal del aprismo con Calles se hizo explícito en septiembre de 1928, sumándose al regocijo frente a su mensaje como candidato a la presidencia de México. Todo parece indicar que fue Manuel Gallardo el principal mediador político, considerando sus vínculos intelectuales con el Callismo. [24]

La célula aprista en su pronunciamiento pro callista, propuso sugerencias con la finalidad de consolidar el proyecto estatalista derivado de la Revolución mexicana, el cual contaba con representación popular activa, consciente e institucionalizada:

Nosotros creemos que el General Calles está en lo cierto al proponer que no gobierne al país, “un hombre”, sino los organismos dimanados directamente de la voluntad popular, esto es, las instituciones y las leyes; pero creemos también que las conquistas de la Revolución no estén de tal modo afianzadas en la conciencia de las masas para no temerle a la Reacción. (…)

La creación de un Frente Único de todos los grupos que aún dentro del concepto revolucionario, se encuentran distanciados por intereses o pasiones políticas de camarilla, sería la mejor garantía de llevar al país a nuevas etapas de resurgimiento y consolidación de los principios revolucionarios.

Hace falta también, que el recinto de las Cámaras albergue cada vez más realmente, a los genuinos representantes de los trabajadores del campo y de la ciudad, es decir, de la gran masa mexicana, y no se limite a ser teatro de más o menos florida oratoria política que en nada beneficia al pueblo y que en todo caso está al servicio de intereses personales o de grupo.[25]

 

No obstante su adhesión, el aprismo y su dirigente máximo, no fueron beneficiarios de apoyos gubernamentales relevantes. Pesaba en su contra la estrecha vinculación de Haya de la Torre con José Vasconcelos y sus redes, así como sus ambivalentes acercamientos al obregonismo. El pragmatismo político del conductor del aprismo continental, así como de los militantes en México, los llevó a un relativo y precario acomodo coyuntural con el callismo.

Augusto C. Sandino, por Gabriel Fernández Ledesma
Imagen 5. Augusto C. Sandino, por Gabriel Fernández Ledesma. http://museoblaisten.com  

 

Fuentes, intercambios y formato de la revista

La revista Indoamérica fue editada en un formato de 32X22 cms en papel periódico. Registró como dirección postal el apartado 1524 en la ciudad de México. Ese mismo buzón postal fue utilizado por tres exiliados peruanos y un español para recibir su correspondencia personal. (Bringas y Valle, 1928: 60-72). Salvo el diseño de portada que incluía número a número, el sumario correspondiente, careció de secciones o columnas, tampoco insertó en las páginas interiores fotografías. Los dibujos fueron ocasionales: uno alusivo a un zapatista que va a ser inmolado por las fuerzas federales ilustró el cuento «El cabo Medina» del escritor mexicano Gonzalo Hernández (1894-1935)[26] otro alusivo  a dos mazorcas cruzadas rubricado con las iniciales RC presidieron la página dedicada a «la Nueva Poesía Campesina del Perú»[27] y la última, ilustra un campo petrolero acompañando la reseña del libro El Nuevo Poema y su orientación hacia una estética económica (1928) de Magda Portal (1900-1989), [28] redactada por César A. Rodríguez en Arequipa, Perú. [29] 

Además de los nombrados, hubo otros colaboradores que merecen ser mencionados: los exiliados peruanos Carlos Manuel Cox (1902-1986),[30] Manuel Vásquez Díaz (1902-¿?),[31] Serafín Delmar (1901-1980),[32] César A. Rodríguez (1889-1972),[33] Esteban Pavletich (1906-1981)[34], Demetrio Tello (¿- 1989) [35] ; los escritores mexicanos  Gonzalo Hernández Jáuregui (1894-1935 ) y Carlos Gutiérrez Cruz (1897-1930);[36] el cubano José A. Foncueva (1910-1930),[37] el colombiano Julio Cuadros Caldas (1885-¿?),[38] y el chileno Daniel Barrios Varela[39].   

La red de intercambios de Indoamérica con publicaciones periódicas mexicanas y de otros países, fue mediada por los propios vínculos que mantenían los intelectuales apristas militantes de otras células. En dicha relación figuran dos publicaciones editadas por dependencias estatales mexicanas, una estudiantil de Argentina, dos dedicadas a temas artísticos y cultura popular publicadas en México. Las demás son revistas intelectuales, una de ellas, antimperialista impresa en Argentina.

La relación completa por países va a continuación. De Argentina: Revista del Círculo Médico Argentino, Boletín del Centro de Estudiantes de Medicina de la UBA, Comentarios, el Boletín Renovación vocero de la Unión Latino Americana, y Guerrilla, la revista itinerante dirigida por Blanca Luz Brum. De Cuba: Nuestra América fundada por Eutiquio Aragonés Iturbide, escritor español. De Honduras: Ariel dirigida por Froylán Turcios. De México: Forma bajo la conducción de Gabriel Fernández Ledesma amigo de Haya de la Torre, Mexican Folkways dirigida por Frances Toor, Revista de Estadística Nacional, Revista Mexicana de Economía, Mástiles publicada en Morelia y dirigida por Francisco Arellano. De República Dominicana: Patria. Del Perú: Amauta, Boletín Titicaca, La Sierra. De Europa: la francesa Monde y la alemana Der Sturm. Sorprende la ausencia de mención de la revista Repertorio Americano de Costa Rica fundada por Joaquín García Monge, tan abierta a los pronunciamientos apristas. Es relevante mencionar que la revista Amauta mantuvo su intercambio con la revista aprista, no obstante, la abierta y ríspida polémica y ruptura política de José Carlos Mariátegui, su director, con Haya de la Torre librada entre abril y junio de 1928.

Los animadores de Indoamérica lograron algunos apoyos económicos para financiar parcialmente el lanzamiento de su primer número y los cuatro subsiguientes, gracias a la mediación de Manuel Gallardo, Jesús Silva Herzog, Julio Cuadros Caldas y Alfonso Pruneda, rector de la Universidad de México. Tres campos publicitarios fueron insertos en las dos últimas páginas. En la penúltima página, en la parte media superior, la Universidad Nacional de México consignó su oferta de libros de cursos básicos con descuentos especiales de su propio sello editorial en su local de Licenciado Verdad. El campo inferior fue asignado al Banco Nacional Agrícola S.A., «fundado para fomentar la agricultura y especialmente ayudar a los pequeños agricultores». Y la última página fue cubierta por el avisaje publicitario de Cemento Tolteca Portland. En los siguientes números se repitieron los campos publicitarios de la UNAM y del Banco Nacional Agrícola en la última página. En el número cinco, apareció una cintilla anunciando a R.C. Mena. Negociación alcoholera y vinícola.

 

Visiones antiimperialistas

Los apristas en México compartieron ejes de unidad, sin embargo, sus énfasis, sus matices y sus disensos acerca del fenómeno imperialista en el continente, merecen ser reseñados y comentados. Veían con preocupación el desarrollo de conflictos interfronterizos en la región: Paraguay y Bolivia, Honduras y Guatemala, Panamá y Colombia, Ecuador y Colombia, Chile y Perú, Haití y santo Domingo, Colombia y el Perú. Y además de todo ello, la gesta emancipadora de Sandino contra la ocupación militar de su país, Nicaragua. Detrás de estos conflictos, los apristas veían la presencia de los intereses de las empresas norteamericanas y de su propio gobierno.[40]

La poetisa Magda Portal, según su propio testimonio, aceptó las directivas de Haya de la Torre para involucrarse en el análisis de la problemática continental, y por ende, en la lucha contra el imperialismo.[41] La apreciación de la escritora sobre la historia de los Estados Unidos y su conversión en potencia mundial, tiene algo de romanticismo político y mucho de desconocimiento. Tampoco sus lecturas de la historia continental fueron consistentes, su síntesis de un siglo de vida republica e independiente se redujo  a una crónica «entrega al imperialismo yanqui» lo cual no se ajusta a la verdad, al sobredimensionar el injerencismo norteamericano en la región. Magda propuso que dicho país era un ejemplo a seguir en Nuestra América, en proceso continuo de conflicto y balcanización:

…ningún pueblo ofrece para los de Indoamérica, mayores ejemplos que imitar que los Estados Unidos. (…) su enorme desarrollo y su preponderancia en el mundo económico están basados en este lema: UNIRSE. Así, la República del Norte, de un conglomerado de pueblos, formó un solo pueblo, con solo ideal –a pesar de las diferencias espirituales de esos mismos pueblos- ideal cuya base es esencialmente económica y les llevó a juntarse para constituir hoy la potencia más poderosa del mundo.[42]

 

Magda auguraba ingenuamente que la unión de los pueblos latinoamericanos representaría algo así como un peligro apocalíptico para el poderío económico yanqui, dicho en sus propias palabras:

“…significaría la quiebra de una buena parte de la industria yanqui. Concentradas sus fuerzas productoras, nacionalizadas sus riquezas y empleadas en sus propias necesidades, el superávit de productos manufacturados y capitales yanquis sin invertir, se estacionaría sobreviniendo una crisis. “[43]

 

Para la escritora, una posible salida para los Estados Unidos, tras la imaginaria constitución del frente continental, consistiría en refugiarse en torno a los mercados y recursos de los países asiáticos y africanos, disputándoselos a las potencias europeas. Aunque mencionó a la clásica obra de Scott Nearing El Imperio Americano, lo hizo sólo para retomar una declaración del senador Lodge, líder republicano, sobre Filipinas y la vocación norteamericana de erigirse en la primera potencia mundial barriendo fronteras.

Por su lado, Carlos Manuel Cox se abocó al análisis del fenómeno imperialista en el México revolucionario tocando el área estratégica del petróleo. Cox partía de la premisa de que los «dos grandes problemas de la economía de México lo constituyen la agricultura y el petróleo». [44] Pasó revista al papel jugado por las empresas norteamericanas y su gobierno en los yacimientos petroleros del Golfo de México durante el gobierno de Porfirio Díaz, así como durante los gobiernos revolucionarios, de Madero a Calles:

Son copiosas y variadas, las maquinaciones yanquis para conseguir concesiones ilimitadas e incontrolables por parte de los gobiernos de la Revolución. Felizmente todas se estrellaron ante la tenacidad y energía de los revolucionarios mexicanos. El gobierno de los Estados Unidos, a través del Departamento de estado, ha amparado esta guerra de rapiña de una patrulla de ‘managers’ de la finanza, bajo el pretexto hipócrita de ‘proteger la vida y la propiedad’ de los norteamericanos. El imperialismo moderno tiene ese carácter, es ante todo, económico. La protección política viene como consecuencia natural de la penetración económica en países de distintas leyes y gobiernos.[45]

 

La síntesis entusiasta de Cox obviaba la compleja trama de negociaciones de los sucesivos gobiernos posrevolucionarios, frente a las empresas petroleras yanquis y su gobierno. Bajo tal razonamiento convirtió a México en el paradigma antiimperialista para la región. En esa dirección, fue también congruente con el planteamiento estatalista del proyecto aprista que percibía ya realizado.

Cox, particularizando la problemática petrolera mexicana presentó un ejemplo síntesis de ese juego de pinzas económico y político-diplomático del imperialismo norteamericano:

Corolario de tan impúdica intervención de los petroleros norteamericanos en la política mexicana para monopolizar el burnig water fue el sostenimiento en la región petrolera de Veracruz del bandido Peláez, financiado por los industriales yanquis, y la negativa de éstos a pagar al Gobierno mexicano, por mucho tiempo, los impuestos que por concepto de la explotación del petróleo le corresponden.

Portada del número 5. Grabado de Gabriel Fernández Ledesma
Imagen 6. Portada del número 5. Grabado de Gabriel Fernández Ledesma

 

Iconografía aprista

La iconografía de Indoamérica siguió patrones análogos a los de las demás  publicaciones de la izquierda en México. De las cinco portadas, cuatro correspondieron a Gabriel Fernández Ledesma y una a Manuel Gallardo Bolaños (Melgar, 2003), el editor de la revista. Los grandes temas estuvieron vinculados a la revolución y a la lucha antiimperialista en América Latina.

El autor del dibujo de portada del primer número dejó impresas sus iniciales GFL. Se trataba de Gabriel Fernández Ledesma (1900-1983), prestigiado artista plástico mexicano y amigo de Haya de la Torre desde  su estancia exiliar en 1924. Fue el fundador de la escuela libre de pintura escultura y talla directa y coeditor junto con Salvador Novo de la revista Forma desde 1926 dedicada a las artes plásticas, la cual recibía subsidios de gubernamentales. En noviembre de 1927, elaboró el afiche que fue pegado en las calles, anunciando la próxima venida del conferencista Haya de la Torre a México. Sánchez, el biógrafo de Haya, afirma que la composición del artista mexicano, tenía como fondo: «un Víctor Raúl crispado, con la agonía en el rostro, clamando a la multitud su grito de guerra antiimperialista» (Sánchez, 1979: 152).

La primera composición de Fernández Ledesma en Indoamérica[46] tuvo como motivo central un mapa de América Latina, flanqueado por una pareja de campesinos revolucionarios. La mujer situada de rodillas al lado izquierdo parece tocar la cordillera andina, mientras el campesino erguido con el Winchester en la espalda y la cartuchera en la cintura extiende enérgicamente su mano izquierda abierta hasta tocar la frontera de México con Estados Unidos.

La segunda portada,[47] a cargo de Gabriel Fernández Ledesma estuvo dedicada a Emiliano Zapata. Los trazos enérgicos del caudillo suriano lo presentar en pie de guerra, con la carabina en las manos, la cartuchera cruzada en el pecho en el centro de dos campos, en el superior, resalta el conocido lema de Tierra y Libertad y en el inferior, unos florecientes maizales.

La tercera portada de Fernández Ledesma,[48] fue una composición de claro contenido antiimperialista portando un inconfundible atributo simbólico aprista. En el margen derecho la hierática imagen de un proletario empuñando con la mano en alto la bandera aprista con el mapa de América Latina ondeando y en la izquierda una carabina. Su indumentaria dotaba de filiación de clase al personaje, un overol con tirantes. En la cintura una cartuchera. En el arco superior una voz de orden: “Latinoamericanos: conquistad vuestra paz. Debajo de la bandera unionista y antiimperialista aparece en el centro una bolsa con el signo de dólares, flanqueada a su derecha por unos edificios y a la izquierda por un cañón, más abajo se ubica una banderola que dice imperialismo. En su última contribución,[49] trazó un retrato bizarro de Lenin, y en el campo superior dibujó las siluetas de las cúpulas acebolladas de los palacios e iglesias rusas. Por su lado, Gallardo Bolaños dibujó el rostro adusto y enérgico de Sandino para la carátula del número cuatro. Una leyenda en el margen derecho dice: «Augusto C. Sandino, Primer Soldado Defensor de la Soberanía Latino Americana».[50]

 

Cerrando líneas

El haber ofrecido una aproximación a la revista Indoamérica, nunca antes referida en la historiografía política sobre el aprismo continental, se refuerza por el hecho, de que muestra como si fuese una radiografía, las texturas discursivas antiimperialistas y sus correspondientes traducciones plásticas a cargo de Gallardo Bolaños y Fernández Ledesma a través de la revista Indoamérica.  

Hemos caracterizado a la revista Indoamérica como una expresión particular de la prensa militante de orientación antiimperialista. Dicha publicación fue efímera, si consideramos que se agotó a menos de cumplir un semestre de existencia. Sin embargo, como publicación, tuvo un contenido que se movió pendularmente entre el campo político y el artístico-literario. A través de sus páginas nos hemos guiado para reconstituir las redes apristas en México, más intelectuales que políticas, las cuales forjaron lazos de hermandad con sus pares mexicanos y latinoamericanos. Para tal fin nos hemos apoyado en fuentes epistolares, impresas, iconográficas y fotográficas. Llama la atención la presencia Julio Cuadros Caldas, intelectual y político colombiano, que militó en el aprismo y mantuvo amistad con Haya de la Torre, al mismo tiempo que fungía de informante de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (Palacios, 1999: XXX-XXXI).

Fueron varios los avatares del exilio peruano adheridos a la emergente organización Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) en la ciudad de México en el curso del año de 1928. En su conjunto, nos han revelado las grandes dificultades políticas que tuvieron que afrontar. En primer lugar, sus propias contradicciones internas, entre deserciones, renuncias y reposicionamientos políticos.  En segundo término, su adhesión tardía a Plutarco Elías Calles en vísperas de ser relevado de la presidencia. En tercer lugar, el debilitamiento de sus redes intelectuales tras su confrontación con:  el Partido Comunista mexicano; José Carlos Mariátegui y la célula socialista de Lima, la Liga Antiimperialista de las Américas.

No pasa desapercibida a nuestra indagación el hecho de que Gabriel Fernández Ledesma, se dedicase a ilustrar con sus creativas imágenes las portadas de la revista El Sembrador, vocero popular del Partido Nacional Revolucionario. Por su lado, Manuel Gallardo Bolaños, permaneció en las filas del Apra en México hasta el año de 1938, año de su ruptura. 

 

Notas:

[1] Para mayores detalles respecto al Boletín… véase: Pita, 2009.

[2] En el periodo de nuestro interés, el Boletín… estaba dirigido por el peruano Manuel Seoane, quien ocupó el cargo en dos momentos, entre principios de 1928 hasta 1930. Durante los últimos meses de 1928 ocupó el cargo de manera interina Isidro Odena (Pita, 2009: 245).

[3] En 1980 nos tocó asumir el papel de mediador en el proceso de donación del valioso archivo documental y colección bibliohemerográfica aprista de Luis Eduardo Enríquez Cabrera a la Biblioteca de la Escuela Nacional de Antropología e Historia. En 2009 provistos de una cámara digital pretendimos realizar un registro de calidad para su posible edición digital, pero nos dimos con la ingrata sorpresa de que habían desaparecido. Las copias que conservo serán donadas e integradas al acervo de la Biblioteca de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, para la consulta de futuros investigadores.  Igualmente, serán donadas a dicho acervo, las fotocopias de los tres primeros números de Indoamérica del fondo Enríquez Cabrera, y también de los números cuatro y cinco existentes en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

[4] «Entre la Hoz y el Martillo». El Machete (México), núm. 96, 7 de enero de 1928.

[5] Haya de la Torre, V. R. Carta a Eudocio Ravines. México, D.F., 18 de enero de 1928. Copia proporcionada por Manuel Cóndor.

[6] Ídem.

[7] Vásquez Díaz, Manuel y Cox, Carlos Manuel. «Carta  a los Profesores de la Universidad Popular “González Prada” del Perú». Indoamérica (México), núm.1, julio de 1928, p. 15.

[8] Ídem.  

[9] Hurtwitz, Jacobo. «Por qué no estoy con el APRA». El Libertador (México), núm.18, julio de 1928, pp.7, 13-14.

[10] «Notas». Indoamérica (México), núm.1, julio de 1928, p. 2.

[11] Ídem.

[12] Este caso fue considerado ejemplar en el pensamiento antiimperialista de  Haya de la Torre: «Las Compañías americanas en el istmo centroamericano representan la forma más violenta, más incondicional y piratesca de monopolio. Han logrado hacerse todo poderosas y su fuerza es hoy tan grande, que ellas determinan cambios en la vida política nacional e internacional de aquellos países, intervienen en elecciones, designan diplomáticos, dominan una parte de la prensa y hasta pueden arrastrar a los pueblos a la guerra, incitándoles con un mal entendido patriotismo localista, que sólo el imperialismo aprovecha como en el reciente caso palmario de Honduras y Guatemala, conflicto entre la United Fruit Company y la Guayamel Fruit Company, de los gigantescos centinelas del Imperialismo Yanqui en América Central» (1936: 46).

[13] Véase: « Les résultats et la signification de la Conférence Panaméricaine ». L´Humanité (París), 28 de febrero de 1928, p. 3.

[14] El clima ideológico en torno al primer centenario de la Independencia, llevó a los sectores de izquierda a cuestionar la formal soberanía de las repúblicas latinoamericanas, dada la abundancia de datos sobre el injerencismo económico, diplomático y militar de las grandes potencias. Las banderas a favor de una segunda independencia, fueron levantadas por el emergente movimiento antiimperialista en el curso del siglo XX.

[15] «Notas». Indoamérica (México), núm.1, julio de 1928, p. 2.

[16] Ídem.

[17] Ídem.

[18] En la nota 58, Haya citó sin mencionar la fecha la edición del Imperialismo, etapa superior del capitalismo de Lenin de la Editorial: Paris-Buenos-Aires, ediciones Europa-América, cuya primera edición corresponde al año de 1930. Dato no menor, si pretendía haberlo redactado en 1928.

[19] Ídem.

[20] «Notas». Indoamérica (México), núm.1, julio de 1928, p. 3.

[21] Dicha fórmula fue implantada en el país en 1925, ante la inminente retirada de las tropas estadounidenses. Integraba en sus filas a Carlos Solórzano (Presidente), y a Juan Bautista Sacasa (Vicepresidente), representantes de las oligarquías conservadoras y liberales, respectivamente (Ramírez, 1983: 124).

[22] «Los problemas de México y la muerte del General Álvaro obregón». Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, p. 2.

[23] Ídem.

[24] Formó parte del movimiento agorista entre los años de 1929 a 1930, al lado de Alfredo Álvarez García, José María Benítez, Gilberto Bosques, María del Mar, Lil-Nahí, Rafael López, Solón de Mel, Josué Mirlo, Pablo C. Moreno, Raúl Ortiz Ávila, Gustavo Ortiz Hernán, Alfredo Ortiz Vidales, Héctor Pérez Martínez, Rafael Ramos Pedrueza, Rafael Lozano, Alfonso Fabila, Emilio Uribe Romo, Rómulo Velasco Ceballos Jesús S. Soto. Su propuesta estuvo inspirada en las Escuelas de Pintura al Aire Libre. Pretendían llevar la poesía de contenido revolucionario al pueblo. Lo hicieron en la ciudad de México con el apoyo del presidente Portes Gil instalando dos carpas en La Alameda Central: una dedicada a los niños de extracción popular, la otra, en la carpa «Amaro» en donde se exhibieron sus: poemas en carteles ilustrados por Francisco Díaz de León, Leopoldo Méndez, Isidoro Ocampo, Abelardo Ávila, Miguel Patino, Jorge González Camarena, Víctor Manuel Escalante, Ignacio Márquez, Feliciano Pela y Manuel Echauri (Pereira, 2004: 22-23). Los apristas fueron acogidos en las páginas de la revista Crisol (México), en cuyo comité de dirección figuraba Jesús S. Soto, intelectual agorista.

[25] Ibíd.

[26] «Cuentos de la Revolución Mexicana. El Cabo Medina». Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, p. 10.

[27] Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, p. 9.

[28] «El imperativo de la hora de América». Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, pp. 5, 9;  «El Clero católico de México frente a la Revolución». Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, pp. 6, 15.

[29] Rodríguez, César A., «Arte Social». Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928.

[30] «Imperialismo del Petróleo contra México». Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, pp. 6-7; núm. 2, agosto de 1928, pp. 4, 14; núm. 3, septiembre de 1928, pp. 11-13; núm. 4, octubre de 1928, pp. 5-6.

[31] Vásquez Díaz, Manuel y Cox, Carlos Manuel. «Carta a los Profesores de la Universidad Popular “González Prada” del Perú». Indoamérica (México), núm.1, julio de 1928, p. 15.

[32] «Poema Suriano», Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, p. 14; «Interpretación social del arte en América», Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, p. 8; «Bibliografía» [reseña del libro: El hombre del ande que asesinó su esperanza, de José Varallanos], Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928, p. 15.

[33] «A Magda Portal en México», Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928, p. 7.

[34] «Mentira sistemática», Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, pp. 13-14; «Trayectoria bélica del General Sandino», Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928, pp. 3-4.

[35] «Argentina contemporánea. El APRA y sus conferencias en La Société de Savants de París», Indoamérica (México), núm. 4, octubre de 1928, pp. 4-5; Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928, p. 10.

[36] «Hacia la unidad indoamericana», Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, pp. 12, 14; «Arte social», Indoamérica (México), núm. 3, septiembre de 1928, p. 10.

[37] «Cuba y el imperialismo», Indoamérica (México), núm. 3, septiembre de 1928, pp. 8-9, 14.

[38] «Las tierras», Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, p. 7; «Prólogo de Haya Delatorre [sic] al libro México Soviet», Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, p. 11; Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, pp. 10-12, 14; «Por la unión contra el imperialismo», Indoamérica (México), núm. 4, octubre de 1928, p. 10; «La tramitación agraria», Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928, p. 7.

[39] «La solidaridad chileno-peruana», Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928, p. 11.

[40] Véase: «Guatemala y Honduras en conflicto», Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928, p. 2-3.

[41] Magda da su versión del requerimiento de Haya de la Torre: «…ya no puedes seguir escribiendo poesía. Ahora tienes que estudiar Economía Política. Me puse a estudiar (…). En el fondo, tuve un desgarramiento, pero había tomado la decisión: Tengo que estudiar, Haya nos ha dicho que tenemos que estudiar» (en: Andrade y Portugal, 1978: 214).

[42] Portal, Magda. «El imperativo de la hora Indoamericana». Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928, p. 5.

[43] Ídem.

[44] Cox, Carlos Manuel. «Imperialismo del Petróleo contra México». Indoamérica (México), núm. 2 agosto de 1928, p. 4.

[45] Ídem.

[46] Indoamérica (México), núm. 1, julio de 1928.

[47] Indoamérica (México), núm. 2, agosto de 1928.

[48] Indoamérica (México), núm. 3, septiembre de 1928.

[49] Indoamérica (México), núm. 5, noviembre de 1928.

[50] Indoamérica (México), núm. 4, octubre de 1928.

 

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Fuentes hemerográficas:

  • El Libertador (México)
  • El Machete (México)
  • Indoamérica (México)
  • L´Humanité (París)

 

Cómo citar este artículo:

MELGAR BAO, Ricardo, (2018) “El antiimperialismo de la revista Indoamérica: México 1928”, Pacarina del Sur [En línea], año 9, núm. 34, enero-marzo, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Domingo, 9 de Diciembre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1589&catid=8

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