Miércoles, 22 de Octubre de 2014

Construcción hereditaria en el desierto de Sonora

En la larga duración de los procesos identitarios que van acompañados de la historia en común, la etnicidad se convierte en el factor que adscribe y da señales de conjunción. Es decir, permite que se tenga seguridad en cuanto al porque estamos reunidos en un grupo cultural y social; la lengua, el vestido, el hábitat, la alimentación, las mismas marcas sobre el pasado y el presente se convierten en la posibilidad de poder compartir un territorio, un pueblo y defenderse del extranjero. Sucesión de eventos que producen fortaleza en cuanto al estar reunidos, compartir el espacio y el tiempo manifiesta en el sujeto social el sentir de la unicidad, legitimación congruente que relaja las relaciones sociales al interior del grupo.

El sentido de la unicidad conlleva a manejar la capacidad simbólica y material en base a la construcción de retóricas y discursos que apoyen en las prácticas el beneficio del vivir en sentidos compartidos, lo cual establece que cada grupo busca los parámetros de encuentro. Bajo este contexto, la identidad se construye a partir de la vida en común, donde la historia, el mito y las prácticas del cotidiano se comparten para denotar en los discursos los sistemas de identificación.

Los rasgos que sostienen el orden de los símbolos se reafirman a través de manifestaciones que ayuden desde la intimidad, la perpetuación de lo público como proceso colectivo que institucionalice el sentir societario. Bajo esta perspectiva, las comunidades pápagos en el norte de Sonora, se ven inmersas en un proceso disperso que va acompañado de la diseminación étnica, bajo la somera justificación de no pertencia en la medida en que no hay una aceptación institucional desde Sells. La configuración de la identidad étnica de los pápagos, se ha visto irrumpida desde principios del siglo XX por la frontera internacional entre los dos países, a pesar de durante el siglo XIX la frontera no tuvo una clara delimitación de exclusión.

En las palabras y el sentir de los pápagos de Sonora, se es pápago en Sonora y es enunciarlo en español, en inglés es Tohono O´otham y viven en Arizona. Esta dicotomía hace presente el deseo de ser binacionales, lo que equivaldría que tener el consentimiento de Sells les conduciría a estar a ambos lado de la frontera con una sola identidad étnica.

Las prerrogativas de aceptación por la nación Tohono O´otham, se ven inmiscuidas a partir de las políticas de inmigración a los Estados Unidos y al Estado de Arizona en particular, de esta forma no pueden ser aceptados la totalidad de indígenas de Sonora, por lo que hay que poner una serie de restricciones que impidan la pertencia política a los Tohono O´otham.

 

La pertencia como identificación étnica

La frontera en la tradición estadounidense tiene un papel de una magnitud que se agiganta al contemplar la influencia de este fenómeno en la tradición mexicana. Comencemos con el hecho de que en inglés se puede acudir a las palabras frontier y border para diferenciar procesos históricos de naturaleza diferente. Los discursos históricos estadounidenses –el académico, el político y el popular- son impensables para narrar y explicar el siglo XIX sin el protagonismo frontera-frontier; el hecho, el sustento ideológico de la frontera sigue teniendo un peso formidable en la ideología popular y del Estado a la hora de enfrentar a sus adversarios. La dicotomía civilización-barbarie sigue operando como justificación suficiente para crear un sustento histórico y moral  que no sólo permita sino que obligue a los Estados Unidos a actuar como guardián universal de la civilización occidental[nota]1[/nota].

Carlos González Herrera

 

Dos naciones diferentes marcan la pauta a ambos lado de la frontera norte de México y desde la perspectiva, de la frontera sur de los Estados Unidos se encuentra la barbarie, mientras que desde el otro lado, esta el trabajo, el lujo y la apertura de todas las posibilidades soñadas. Las dos formas de contemplar, vivir e interpretar la franja fronteriza abre los deseos de cruzarla, de irrumpir en el mundo de la otredad, mientras que en el discurso de la barbarie, ese otro, es la representación de la violencia en sus  múltiples formas de presenciarla, tomar lugar en los dos escenarios denotan en sus discursos la capacidad de buscar por una parte, la solución de los satisfactores materiales y de entrar en un mundo civilizado, aunque no se sepa con certeza que signifique esto, mientras que por la otra parte, es internarse en un mundo incierto, exótico y hoy, por hoy,  la violencia del narcotráfico y de los trabajadores, que ilegalmente intentan cruzar la frontera para buscar “mejores condiciones de vida”.

Bajo este contexto, se vive a ambos lados de la frontera y en la parte de Sonora, las secuelas de la pobreza van aunadas al deseo de cruzar y de alcanzar el sueño americano. De cualquier forma, para los pápagos el panorama no es nada halagador, sobre todo si tomamos en cuenta que pocos son los aceptados por la nación y que cada año, van disminuyendo las cantidades de personas que son reconocidas como miembro de la tribu[nota]2[/nota]. La falta de aceptación se produce en la medida en que no se pueden  cumplir con todos los requisitos impuestos, y con ello, se hace presente el rechazo en Arizona y en Sonora son considerados fuera del grupo, por lo que se sienten legítimos miembros de la nación.

En el sistema de exclusión van implícitos una serie de políticas discriminatorias que justifican desde la ideología la posibilidad de no dejar entrar a cualquiera, además de legitimar en el ejercicio del poder la capacidad de decir, quien si es pápago y quien no lo es. Tener ese poder se materializa en una invasión simbólica de la etnicidad en Sonora, que se regula de la siguiente manera:

  1. Tener papeles legales que manifiesten la etnicidad.
  2. Se debe hacer un examen de DNA, para acreditar la etnicidad en un laboratorio aprobado por la nación.
  3. Hacer un árbol genealógico que testifique la pureza étnica, a través de la aceptación comunitaria, de quienes con anterioridad han sido aceptados por la nación.
  4. Imposibilidad de ejercer por conveniencia propia la auto-adscripción a la etnicidad.
  5. La comunidad aceptada debe atestiguar la legitimidad de la sangre de cada miembro.

Los cinco apartados anteriores dan cuenta del control social que se ejerce desde Sells, a partir de ejercer formas de intromisión en la etnicidad de Sonora y sobre todo bajo una estrategia de limpieza étnica, que aquí debemos matizar en la medida en que hasta el momento, esta situación no ha desembocado en algún tipo de violencia física, o de un conflicto que culmine en una guerra étnica. Es decir, en una lucha entre hermanos, que desencadenen la muerte simbólica y física de sus miembros, donde la sinrazón se  pudiera convertir en el proceso de eliminación de las diferencias genealógicas y de una pureza étnica. En la perspectiva de la gente no aceptada de Sonora, no se contempla este tipo de confrontación con los parientes de Arizona. De cualquier forma, la problemática solo puede llegar a un acuerdo en la medida en que la solución étnica sea compartida por todos sus miembros; los de Arizona y la totalidad que se encuentra en Sonora, aceptados y rechazados por la nación.

Lo que hay que tener en cuenta es que hasta este momento, las prácticas políticas de la nación devienen en este nivel matizado de limpieza étnica, que se lleva a cabo a través de un sistema de exclusión-expulsión de personas que aunque dicen que pertenecen al grupo étnico no lo pueden demostrar, sea porque no tienen papeles legales. Hay que señalar que en la documentación oficial en México no existen los conceptos de pertencia a raza, etnia o cualquier otra que subordine al individuo más allá de ser mexicano por nacimiento o por naturalización.

Como es bien sabido, los exámenes de DNA no pueden determinar la etnicidad de un sujeto, ya que no existe una variable fija que delimite la pertencia a un grupo en especial, lo que significa que cualquier persona pudiera resultar miembro de cualquier grupo, si seguimos esta forma de clasificación. Hay que señalar que los estudios en los  laboratorios de análisis autorizados por la nación, el costo económico tiene tal incremento que difícilmente puede ser pagado por un pápago de Sonora. En cuanto a los árboles genealógicos se tiene dificultades debido a que el intercambio matrimonial con yaquis, seris, pimas, kukapas y sonorenses, etc., es habitual en la medida en que estos grupos no son demasiado grandes por una parte y por la otra, es que esta práctica de intercambios los ha llevado a tener una gran movilidad territorial, en la medida en que no tienen tierra. Es decir, desde hace varias generaciones que perdieron su posesión con la tierra en Sonora y la única forma de allegarse es a través de alianzas matrimoniales con los otros grupos.

En la actualidad dada las anteriores premisas nadie puede llegar y decir, soy pápago, hay que demostrarlo, no hay manera de adscribirse al grupo de forma voluntaria o por una continuidad de saberes no demostrables o imaginarios. Como consecuencia de lo anterior, hay que someterse a las genealogías “legalizadas”, a la transmisión hereditaria y así decir, soy 50% pápago o soy un 25%. En estos casos, las demostraciones llevan al grupo a clasificar y medir los niveles y/o grados de pureza en la sangre, la legitimación esta vinculada a la aceptación de la nación en la aceptación de pertenencia étnica. El sistema clasificatorio intenta medir el grado de pureza y de impureza de cada individuo, para poder visualizar en el imaginario colectivo las formas de asegura el en sí-mismo, búsqueda de similitudes para destrozar al contrario, reformismo que se mueve en la intransigencia para poder cohesionarse.

El vinculo ejercido por la similitud establece las pautas de comportamiento político, acerca de la migración y de las minorías étnicas por el Estado nacional, la vivencia pública y la privada, se cohesionan para construir al extranjero en función de su etnicidad y del capital simbólico y material del que estén cargados, la exclusión y el maltrato se convierten en acto contra la humanidad. O dicho de otra forma, es un atentado contra los derechos humanos,  el cotidiano se conforma de acciones de segregación que se materializa en la expulsión del ser social por ser diferente.

Los que han sido aceptados aseguran que gozan del aval de la nación, para poder denunciar quienes no lo son, y su posicionamiento político acciona en el discurso niveles de supremacía por las ventajas que esto conlleva, que van desde las económica, tener acceso a los servicios de salud norteamericanos, a la educación de la tribu y a participar en las ceremonias y fiestas religiosas que se celebran tanto en Sonora como en Arizona, me refiero a las fiestas tradicionales que se llevan a cabo en los sitios sagrados y que ahora estos sitios, están adquiriendo cierta movilidad en su traslado hacia Arizona. Finalmente, el gran logro adjetivizado es el de poder pasar la frontera sin pasaporte en la delimitación de la nación, que tenía más de 5 puertas de paso y que en la actualidad las han ido clausurando para cerrar el paso indiscriminado a los Estados Unidos.

Hay que tener en cuenta que este sistema de exclusión tiene sus raíces más fuertes en el siglo XIX, en las políticas e ideologías producidas por el darwinismo social en las cuales, la selección natural y el privilegio civilazatorio estaba en los más aptos para seguir en las vías del progreso. Las taxonomías se desenvuelven en el marco de la distribución de valores occidentales, del capital, la raza y el despotismo ilustrado hacía la diferencia. O mejor dicho, sobre el buen salvaje.

“el nuevo evolucionismo que desató la aparición de El origen de las especies de Charles Darwin en 1865 fue una poderosa avenida de influencias sobre lo que después sería conocido como la eugensia, la cual reconoce como su texto fundador al Hereditary Genious, del propio Galton, que apareció en 1869. Desde entonces, dos tradiciones eugenésicas – ligadas a nacionalismos y procesos de construcción de Estados-nación diferentes- se extendieron por buena parte del “mundo occidental”; una denominó el mundo anglosajón y otra se arraigó en el mundo latino.

La tradición eugenésica anglosajona cobijó de manera más celosa las ideas, sobre todo políticas, del darwinismo social. Un notable biólogo alemán, August Weismann, propuso que en las  sociedades y los grupos humanos era distinguible un patrón genético, al cual llamo germoplasma, y que, sin importar las condiciones externas, era transmitido de generación en generación sin sufrir alteraciones…

Las ideas de Weismann (el weismanismo) fueron objeto de, al menos, dos tipos de lectura: una optimista, radical y positiva que señalaba que si el germoplasma no sufría cambios, entonces era posible encontrar elementos y rasgos alentadores, tanto en clases privilegiadas como en desfavorecidas; pero también una lectura pesimista, conservadora y negativa que lanzaba la idea de que sólo los que se encontraban en la cima de la estructura de la cima social eran los más aptos y mejor dotados. Fue esta última la que empezó a popularizarse en medio de los temores desatados en Europa, y más aún en Estados Unidos, de una degeneración social por los cambios que producían la industrialización, la migración de millones de seres humanos, los cambios en las conductas y hábitos sexuales y el salto de la mujer al mundo del trabajo asalariado. La agitada atención de los eugenistas se centro primero en esas clases miserables que crecían en arrabales, las masas de desempleados, la creciente población presa del alcoholismo y los enfermos mentales e inadaptados que deambulaban en las calles  o atestaban los asilos y hospitales”[nota]3[/nota].

Carlos González Herrera

 

Es evidente que estas prácticas que se iniciaron en el mundo anglosajón originalmente, fueron desplazándose  a otros niveles de la sociedad norteamericana en su conjunto, el bienestar económico y cierta aceptación de la diversidad étnica de los pueblos originarios, que se basa principalmente en su sentido protestante de la nación americana, fue estableciendo lineamientos políticos de lo que significa ser estadounidense en el contexto del imperio. Se produce una diversidad cultural que responde a la necesidad de tener una historia de larga duración que vaya más atrás de la llegada europea, de tal forma que toda investigación antropológica, arqueológica, etnohistórica y lingüística que trate sobre los pueblos originarios debe ser sostenida y avalada por los diferentes grupos étnicos y en el caso de los tohono o´otham, toda la arqueología, la etnohistoria y la antroplogía se debe llevar a cabo con el consentimiento de la nación y el proceso de investigación debe estar dirigido sobre las historias, mitologías, el territorio y las familias aceptadas por ellos, no se puede investigar nada que la nación no avale.

El poder saber queda atrapado en una versión oficial de la historia, donde se selecciona una versión del pasado y del presente, que vaya de la mano con las políticas étnicas de Sells. Se legitima el poder de la historia a través de una versión que impone la sangre como paradigma de exclusión de la etnicidad de los pápagos de Sonora, las diferencias saltan en la medida que se reubican en el contexto de lo norteamericano, del estar insertados en la reservación, de tener un territorio establecido y evidentemente de contar con cierto capital que les vuelve independientes del poder público institucional. Esto no quiere decir, que no reciban apoyo federal y estatal en el quehacer de sus actividades cotidianas, sino que su aparente autonomía les reditúa en sentirse parte de la unión americana.

En contra parte, sus vecinos del sur se encuentran no en la mejor posición, sobre todo por todos los que no acepta la nación. Ellos, han ido deteriorando su situación étnica y económica, con trabajos mal remunerados en la mayoría de los casos y con un rechazo permanente de los que han sido aceptados por la nación, a pesar de algunos de ellos participan en las reuniones del gobierno tradicional cuando se realizan en Sonora.

“Aquí casi nadie habla ya el pápago, se dan clases a los niños en la escuela de Quitovac, pero poco aprenden, como sabe es un internado y los niños van toda la semana y el sábado y domingo están con sus familias, es difícil que los acepten, no todos pueden ir. Los mayores ya no podemos hablarla la perdimos hace mucho, son muy pocos los que saben algo. Las ropas tampoco las usamos, y le puedo asegurar que no se sabe ya como se vestían los antepasados, no tenemos tierra, nunca tuvimos títulos de propiedad, porque era nuestra tierra, la de nuestros antepasados y siempre la habíamos tenido hasta que el gobierno la vendió y los rancheros las compraron, así que nos quedamos sin nada, tuvimos que irnos a vivir a los pueblos grandes, como Caborca, Tubutama, Altar, Sonoyta y Puerto Peñasco, tuvimos que trabajar en lo que fuera y fue cuando muchos empezaron a irse al otro lado.

Al principio no había problema y nos recibían como hermanos, ellos también vinieron antes cuando del otro lado estaba feo para ellos, después regresaron y digamos que todos éramos como una familia muy grande. Después empezaron los problemas, porque ya no reconocieron a todos y ya sabe, empezaron a poner cada vez más trabas  y menos fueron los beneficiados, bueno es parte de esas políticas. Yo ya no participo con nada, es mejor, soy pápago y eso no me lo van a quitar, ni a mis hijos y esos de Sells, saben bien lo que hacen, pero no nos interesa”[nota]4[/nota].

Ismael R.

 

Lo dicho por señor Ismael es parte del sentirse excluidos, forma parte de la ideología que intenta subsanarse en pos de una identidad única avalada desde Arizona, esta impone restricciones que se materializan en las formas de constituirse como pápago en Sonora y sobre todo los deja fuera de la adscripción identitaria, al quedar fuera deben reorganizarse los interesados para poderse preservar como grupo, a los que no les interesa, se convierten en sonorenses y en mexicanos en el sentido amplio de la palabra. La presión y manipulación política ejercida desde Sells para salvaguardar su idea de grupo étnico, cae en la búsqueda y rescate de un nativismo fuera del contexto civilizatorio,

Es decir, las evidencias demuestran que el impedimento se produce en primera instancia por la separación del grupo por la frontera internacional, de esta manera dos países con legislaciones diferentes en cuanto al poderío económico, patrimonial y territorial, además de las habilitaciones que se hacen en Estados Unidos sumidas en una especie de peso de su historia, en cuanto al etnocidio[nota]5[/nota] perpretado contra los grupos originarios en los últimos 400 años[nota]6[/nota]; si sólo recordamos las palabras de Custer de que “no hay indio bueno, más que, el que esta muerto”.

“…los indios de la imaginación de los blancos son la forma visible de los instintos más bajos, más odiosos de la humanidad, los mismos que la cristiandad y la civilización occidental combaten sin cesar. El indio del relato norteamericano cristaliza tanto la violencia externa de las fuerzas naturales como lo oscuro y lo incontrolable que el occidental encierra en sí mismo. Espejo mágico del hombre blanco, el indio le refleja una imagen de él mismo que quiere negar, que debe destruir, y que, por el contrario, refuerza para oponerle su propia visión de sí mismo. Describir el salvajismo de los indios era objetivar, y por ende volver otro su propio salvajismo; era diferenciarse de ese salvajismo por la afirmación de su contrario, la civilización; era purgar su universo de toda huella de lo que podía asemejar al blanco al indio. Así, el estereotipo del indio siempre operó por dicotomía, oponiendo una cultura a otra, o más bien la cultura euroamericana a la ausencia de cultura, al salvajismo”.[nota]7[/nota]

Élise Marientras

 

Podemos visualizar una memoria institucional que se filtro hasta el fondo de las intimidades colectivas de los colonizadores para eliminar cualquier tipo de diferencia y la guerra, conquista y resistencia de lo que habían sido los territorios indígenas significo en estos términos terminar con la barbarie[nota]8[/nota], basta con constatar el espectáculo circense de Buffalo Bill[nota]9[/nota].

La moral protestante, el perdón y la compasión encuentran su lugar para poder llegar a la amnistía, en un intento de reencontrarse en el camino de lograr absolver el pecado de la muerte de las etnias indígenas de Norteamérica. Limpiar la consciencia de una nación, de sus instituciones y del pueblo, sólo es posible intentando brindarle nuevas oportunidades a quienes a pesar de todo siguieron con vida; y con ello, les dieron nuevos asentamientos y legalmente convirtieron las tierras en reservaciones indígenas, territorios que quedaron libres de impuestos y por supuesto, los terrenos están prestados por el estado, no hay propiedad de la tierra y con estas políticas institucionales quedan bajo el resguardo del estado.

Vivir en un a reservación equivale a decir, que no se tiene propiedad, se prohíbe la venta de bebidas alcohólicas, y las formas de obtener un ingreso en principio se convierte en un proceso de beneficio mutuo para el grupo étnico, a través de casinos de juegos de azar, donde las ganancias se distribuye en la vida comunitaria. Las cantidades de dinero sirven en este caso para la prosperidad de la tribu como un principio básico de apoyo a las economías familiares y claro, la cantidad de dolares que se puede distribuir tiene un límite, seguramente debe quedar algún tipo de excedente que garantice la tranquilidad de todos ellos  para asegurar el futuro económico.

La tribu establece bajo esta perspectiva la pertenencia de sus miembros, según datos oficiales en Sonora la población de los pápagos no sería mayor de 500 personas y unas 30,000 en Arizona, pero en realidad la población de Sonora se desborda ante estas cifras, los motivos sobran en esta adscripción que puede ser voluntaria, ante las expectativas que se pueden tener hacia Estados Unidos, otras porque realmente lo son y finalmente, existe la posibilidad de un aumento en la población por los escasos apoyos que pueden recibir del gobierno federal y del estatal. Como vemos los motivos para ser pápago en Sonora, hacen crecer al grupo fuera del censo oficial de INEGI y de la CDI, ya que las reivindicaciones pueden ser necesarias para la sobrevivencia humana.

En cualquiera de sus formas, la adscripción empieza siendo voluntaria y en su deseo, un grupo puede aceptarla o no, es cuestión una política institucional que intente resolver el problema del origen, para que la sangre este vista y al alcance del hombre. Podemos decir, que es una forma metafórica de acercarse a los dioses y buscar en el otro mundo principios de hegemonía que unan al hombre con “el otro mundo”.

“La carne se reparte entre los mortales, mientras los inmortales reciben de buen grado la sangre, casi nunca la carne”[nota]10[/nota].

Julio Hubard

 

En este contexto, la sangre se convierte en parte de un saber que marca la pureza de sus miembros y les conecta con lo sobrenatural, hay una hermandad de sangre que debe estar sometida a su limpieza, sobre todo entre los hombres a través de unos antepasados elegidos. O mejor dicho, cargados de historias que legitimen la cercanía de su pureza. En otros términos, podría decirse que esta pureza se vincula con las deidades y hay en esta conformación un ascendente de lo sagrado, que sublima el ser miembro; se esta garantizando en este sentido la perpetuación de la etnicidad y la similitud se convierte en parte de igualdades y semejanzas, que en lo imaginario eliminarían cualquier tipo de contradicción.

Honor y deshonra quedan legislados en los marcos de la transmisión hereditaria y con ello, la adherencia a mantener la unidad del grupo. En principio, el ideal tiene un sentido conservador en contra del extranjero, a la vez de perpetuar la expulsión como un proceso de cohesión interno, la similitud busca a sus iguales y el resto es convertido en la otredad, relación de causa-efecto en que el otro es negado bajo cualquier tipo de argumentación, como pueden ser: la impureza en la sangre y la raza, a partir de estos dos elementos la eliminación va cubriendo todos los campos posibles, constituidos desde ideologías creacionistas en buena medida.

 

Ideología, simbolismo y etnicidad

El vivir dentro del sistema gubernamental de los Estados Unidos denota en la jurisdicción, un sistema federativo que se aplica básicamente a darle al individuo la libertad de acción y de movimiento, así como la capacidad de hacer ejercer sus derechos ante los demás. Esta premisa problemátiza el mundo indígena la actualidad de realidades que se mueven en el campo de espacios globalizantes y en retóricas de salvaguardar los intereses de la llamada democracia norteamericana, la sujeción se hace presente en la medida en que el modelo constitucional de gobierno tiene sus propios mecanismos para llevar a cabo las políticas del interior, asuntos internos que mantienen la cohesión de la nación indistintamente del grupo étnico o del estado en que se  lleve a cabo el sistema de la unión.

“La existencia de los indios es un tabú para la conciencia nacional norteamericana. Más que las otras minorías de las que cabe esperar una integración en la nación, la presencia amerindia pone en tela de juicio la definición nacional de los Estados Unidos. En efecto, no es posible que los indios se asimilen y al mismo tiempo sigan siendo indios. Por otra parte, es difícil que la nación reconozca la identidad y la soberanía de las naciones indias sin modificar los principios sobre los cuales reposa: de una “nación de ciudadanos”, debería transformarse en “nación de naciones”, lo cual, a pesar del sistema federal y de la existencia de facto de una multiplicidad cultural, no están dispuestas a aceptar la ideología dominante y las instituciones”[nota]11[/nota].

Élise Marientras

 

Ser indio en Estados Unidos es estar confinado a vivir en una reservación para poder mantener su identidad étnica, en el momento en que la deja, se convierte al igual que todos, en ciudadano norteamericano. De esta forma, cuidar su adscripción lo conduce a tener una movilidad restringida, que lo envuelve en la necesidad de mantener su identidad étnica como única propuesta de sobrevivencia. La ingerencia simbólica en que se ven inmiscuidos delimita sus fronteras reales con las imaginarias en el territorio que colinda por una parte, con Arizona y con la otra con Sonora.

Las delimitaciones territoriales elaboran su pertenencia para asegurar la etnicidad de los tohono o´otham, dentro de su espacio geopolítico-reservación pueden moverse a su gusto y legislar sus relaciones institucionales mientras no afecten a terceros, caracterizan su pureza a través de la sangre, su lucha es mantener una historicidad común a una minoría , que a su vez es mayoría en la reservación y su colindancia con el sur, es únicamente en razón de las necesidades festivas que han tenido, ya que varios de sus sitios sagrados se encuentran en Sonora, en donde se encuentra Quitovac, sitio con evidencias pleistocénicas y paleontológicas de importancia para la región, que tenía un pequeño museo de sitio, con algunas evidencias animales y culturales y que sostenidamente durante los últimos años fue saqueado[nota]12[/nota], sin saber a ciencia cierta donde quedaron las piezas, podría ser Sells entre otros lugares.

Controlar los sitios sagrados en México da como resultado que exista una invasión simbólica del patrimonio cultural en Sonora. Hay que tener en cuenta que existen legislaciones diferentes en Estados Unidos y en México en cuanto al patrimonio arqueológico, el cultural y el ambiental. En apariencia estamos ante un grupo étnico que esta separado por una frontera internacional, este rompimiento deja ver la posibilidad de que este grupo pudiera ser binacional, pero en la realidad, no lo es. La realidad es que en cada país se han creado condiciones de subsistencia diferentes bajos las características institucionales que cada estado nacional tiene, cada espacio político marca el compromiso que tiene el estado con sus ciudadanos y en el caso particular de México, dicho compromiso se ve cada vez más deteriorado, ya que dejó sus obligaciones en manos privadas en la mayoría de los casos, desmantelando la infraestructura que en el pasado otros gobiernos tenían. Esta falta de obligaciones, va acompañada del deterioro social y étnico de las comunidades en el país, en el caso de la frontera norte de irrupciones simbólicas y migratorias de los Estados Unidos.

El norte forma parte de un territorio hostil para sus habitantes, ante la queja a ambos lados de la frontera por las incursiones ilegales que sufren cotidianamente. Se ve  como sus territorios son comprados por capitales internacionales, dejando a los habitantes de estas regiones en la mayoría de los casos en la servidumbre, en trabajos y oficios mal remunerados. Por otra parte,  la pérdida de tierras va aunada a no tener un trabajo fijo, el clima árido de los desiertos vuelve más difícil la vida y como dice el señor Juan.

“Me acuerdo de lo que mi abuelo nos decía a mi papá y a sus nietos sobre como había sido su vida cuando el era joven, antes de la revolución en un tiempo en que no había carreteras, ni autos de motor, los pueblos eran muy pequeños y los pápagos tenían muchas tierras, pocas veces se encontraba a alguien en el desierto, casi siempre eran soldados que están vigilando a los ladrones de ganado y algunos indios renegados, eran tiempos en que nuestros pueblos cambiaban de lugar con rapidez y sólo estaban las más grandes cono Caborca y Tubutama ambas eran muy antiguas cuando los españoles llegaron ya existían y vivían ahí nuestros antepasados.

Se pasaba a Arizona caminando por Sonoyta, por Saric y por Nogales, se iba y venía sin tenerse que preocupar por nada, los gringos también venían a sus negocios por acá y a contratar trabajadores, el mundo era más pequeño a pesar de las distancias que se tenían que recorrer para encontrar trabajo, alimentos y agua. Pero el desierto nos daba todo, al menos eso decía mi abuelo. En tiempos de mi papá, pues ya le toco otra época, la guerra mundial, y del otro lado necesitaban muchos trabajadores, y para ya, se iban, muchos nunca regresaron y al paso del tiempo sus familias que se habían quedado también se fueron, mi papá nunca quiso  irse, el pensaba que esta era su tierra y que allá, en el otro lado, las cosas no iban muy bien nunca, aunque hubiera mucho dinero.

Los pápagos del otro lado, no quieren ser pápagos, quieren otra cosa y están buscando la manera de hacerlo, su reservación esta mal organizada y nadie se puede mover de ahí, el gobierno los tiene entre ceja y ceja y siempre los esta vigilando para tenerlos controlados porque no confían en ellos. Creo que desconfiaban, porque sabían cosas de ellos, aunque nunca estuvieron en guerras como las otras naciones, pero les empezaba a gustar el tener un lugar fijo a donde llegar y estar seguros ahí supongo que de la policía.

Ellos venían a Sonora y se emborrachaban y querían quedarse con nuestras mujeres y a varias se las llevaron, no se si por las buenas o a las malas, pero el caso es que se las llevaron, luego venían porque querían comprar tierras, habían ahorrado su dinero y como allá no lo podían hacer, vinieron a México y se encontraron con que todo estaba ya vendido a los rancheros y nosotros no sabíamos, pero nos habíamos quedado sin tierra. Cuando llegaron los rancheros nos tuvimos que ir, ya no teníamos nada, la tierra se había perdido, algunos se quedaron al principio a trabajar en esos ranchos, otros nos fuimos a los pueblos. Crecí yendo de pueblo en pueblo, en donde mi papá encontrara trabajo, estuvimos en unos ranchos y ahí fue donde sufrimos más mis hermanos y yo, mi mamá la pasaba muy, muy mal y pronto se nos fue, murió en Altar, con los años he regresado aquí a vivir y voy a visitarla al panteón, llevo a mis hijos y a mi mujer, pedimos por su paz y tranquilidad, le hablo de mis hermanos que están muy lejos, uno en Seattle, el otro en Phoenix y el otro quien sabe, mis hermanas todas están en Tucson, y aunque viven cerca de la nación, no se casaron con gente de la nación, están con gringos y mejor para ellas.

Mis hijos y yo decidimos quedarnos, la vamos pasando un poco mal, la nación no nos acepto, tampoco a mis padres y eso que el hablaba la lengua y su padre también, no se cual fue la razón a nosotros nos dijeron que no éramos pápagos y menos tohono o´otham. Así es como ellos hacen las cosas, y desistí de cualquier intento, aquí nos reunimos algunos que sabemos cuales son nuestras raíces, quienes fueron nuestros padres y desde que tiempo hemos vivido aquí. Mi esposa tampoco es aceptada, mis hijos menos y que le vamos hacer, porque igual le puedo contar de varios que tampoco son, todos por aquí lo sabemos y que cree, ellos si fueron aceptados por la nación son tohono o´otham con todo y credencial que lo certifica por la nación”[nota]13[/nota].

Juan A.


La diferencia a ambos lados de la frontera, se delimita por formas del saber vivir distintas y con proyectos de futuro desiguales, en Sonora la identidad étnica de algunos pápagos pasa al espacio de la resistencia, el saber genealógico, tradicional y de grupo excluido desde Sells. En este sentido, podemos decir que esta resistencia es una fuerza que se opone a la acción de otra, la que viene desde la nación. El ubicarse fuera de los límites equivale a sostener que se están desarrollando nuevas formas de vivir la etnicidad y con ello, se puede comprender el distanciamiento que puede suceder entre los de Sonora y los de Arizona.

En principio, los no aceptados han luchado permanentemente para ser acreditados, ahora sin embargo, hay un distanciamiento que va marcando la resistencia a tenerse que acercar al otro lado, los que están aceptados los consideran como unos revoltosos que intentan filtrarse para tener las reivindicaciones económicas y que es el único interés, se da la vuelta al hecho real, ya que por ejemplo algunos de los que viven en Puerto Peñasco han dicho en las reuniones que se celebraron en Sonoyta que su necesidad la de tener una retribución económica, ese era su único interés, muy válido y claro es el principio, ya que son de la gente que salio de Quitovac años atrás.

En este sentido, podemos ver que el factor económico fortalece los lazos de una identidad suspendida con hilos en Sonora, ante la precaria situación en la que viven, por otra parte, la ideología superpone de forma imaginaria la necesidad imperante de tener una ascendencia étnica, ser tohono o´otham, miembros activos de la tribu con sede en el gobierno de la reservación en Sells, se delimita un territorio en Arizona con la latente amenaza de quererlo extender a Sonora, a pesar de que las leyes en México no lo permiten. Sin embargo, simbólicamente lo van logrando al impedir que trabajos científicos se puedan desarrollar en terrenos que ellos consideran parte de la tribu.

Por otra parte, hay que considerar en perspectiva que en buena medida la historia de Estados Unidos se aglutina alrededor de la conquista del oeste, forma parte de un pasado glorioso que debe ser reivindicado en las reservaciones para  asegurar que la población originaria aún esta aquí. Mientras que en Sonora, las poblaciones indígenas a excepción de los Seris y de los Yaquis, el resto perdió sus tierras en el pasado, su falta de organización política, el estar atenidos de alguna forma primero al INI y después a la CDI, les convirtieron en depositarios de una tradición irrumpida por las políticas institucionales, sin resistencia se entregaron a las adscripciones dirigidas de Sells y ahora en este presente ante el rechazo sistematizado empiezan algunos a generar una resistencia, un distanciamiento de la nación revalorizando su tradición, su adscripción étnica como pápagos y aceptando el conocimiento tradicional que se había paralizado y que ahora se es empieza a reconstruir de nuevo.

Así la transmisión hereditaria desde la resistencia empieza a tener nuevas connotaciones que van más allá de la sangre, llega a la auto-adscripción por principios de búsqueda de un origen común, la memoria colectiva en movimiento y fuera de las instituciones.

 


[notar]1[/notar] González Herrera, Carlos; La frontera que vino del norte; Ediciones Taurus- El Colegio de Chihuahua; México; 2008; p. 35.

[notar]2[/notar] “…de la etnia o del grupo étnico se agrega todavía el término de la tribu que se encuentra principalmente  en América del Norte, especialmente en Canadá y Estados Unidos, y que se aplica, por lo general, a los pueblos de cazadores y recolectores. Es decir, se trata de agrupaciones con un parentesco cohesivo y con una jerarquía segmentaría: tribu, pueblo, linaje, hogar”; en Mager Hois, Elisabeth A.; Lucha y resistencia de la tribu Kikapú, UNAM-Facultad de Estudios Profesionales Acatlán; México; 2004; p. 53.

[notar]3[/notar] González Herrera, Carlos; op. cit.; pp. 57-58.

[notar]4[/notar] Pérez-Taylor; Rafael; Entrevista de tradición oral con el señor Ismael R; San Luis Río Colorado, Sonora; 2008.

[notar]5[/notar] “esta invasión blanca significó, para las tribus de Estados Unidos, un desplazamiento continuo y una limitación drástica de su extensión original, que llegó hasta el etnocidio de algunas tribus. Para el expansionismo norteamericano, los grupos indígenas, debido a su raza y su cultura, fueron vistos, y todavía son, como etnias extranjeras de un valor inferior”

“Una forma menos brutal y más sofisticada de someterlos fue la expansión cultural, la cual tenía la finalidad de aniquilar sus características propias y desunir sus grupos, para integrarlos a la sociedad nacional, ya que la integración cultural es una fase de control ideológico que mediante de su transculturación busca evitar cualquier sublevación y rebelión de los pueblos”; Mager Hois, Elisabeth A.; op.cit.; pp: 85-86.

[notar]6[/notar] Ver: D´Aniello, Raffaele; Dizionario degli indiani d´america; Grandi Manuali Newton; Newton & Compton editori s.t.l,; Roma; 1999.

[notar]7[/notar] Élise Marientras; La résistente indienne aux état-unis du XVI au XX siecle; Éditions Gallimard/Julliard; Paris; 1980; P. 20.

[notar]8[/notar] “A principios del período colonial, los españoles usaron los términos “bárbaros” e “indios” como sinónimos. Las palabras se aplicaban a los indios que vivían en sociedades no cristianas sedentarias con jefe de Estado reconocible, estructuras gubernamentales y religión. Los españoles, no obstante, sí reconocían niveles de barbarie diferentes y colocaban a los más feroces o salvajes en el escalafón más bajo”; Weber, David J.; Barbaros. Spaniards and their savages in the age of enlightenment; Yale University Press; USA; 2006; P. 440.

[notar]9[/notar] Ver: Buffalo Bill (William Cody); Mi vida en las praderas. Memorias del explorador más célebre del lejano oeste; José J. de Olañeta Editor; Palma de Mallorca; 1995.

[notar]10[/notar] Hubard, Julio; Sangre. Notas para la historia de una idea; Turner/ Ortega y Ortiz; Cuadernos de Quirón; México; 2006; p. 59.

[notar]11[/notar] Marientras, Élise; op.cit. p. 172.

[notar]12[/notar] Durante mi primera temporada de campo en el desierto de Sonora en 2000, visite Quitovac, estuve en el museo y tome fotografías de las piezas que ahí se encontraban, durante los años siguientes hasta finales del 2008, he estado visitando el sitio y cerciorando como han ido desapareciendo dichas piezas, año con año se encontraban menos, y la gente del lugar dicen no saber como han desparecido.

[notar]13[/notar] Pérez-Taylor, Rafael; Entrevista de tradición oral con el señor Juan A.; Altar, Sonora; 2008.

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