Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 

Pacarina del Sur se suma a los actos de recuperación de la memoria de los movimientos de la juventud: el centenario de la Reforma Universitaria (Córdoba, 1918) y el cincuentenario de sus procesos de crítica y resistencia en tiempos de la Guerra Fría en diversos escenarios continentales. 1968 tiene muchos rostros y memorias juveniles por rescatar.

 
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur
Pacarina del Sur

La dialéctica periferia/centro en el momento del 68

Daniel Omar De Lucia

 

A Mario Hernández, por años de colaboración
fructífera y por los ideales compartidos

 

El tiempo está a favor de los pequeños
de los desnudos, de los olvidados…
el tiempo está a favor de buenos sueños
y se pronuncia a golpes apurados.
Silvio Rodríguez. El tiempo está a favor de los pequeños

 

De las periferias al centro y viceversa

Una primera versión de este artículo formó parte del libro de mi autoría Del sueño a la vigilia. Estudios sobre los movimientos en torno a 1968.[1] Un concepto clave que yo trabajé en dicho volumen, sobre el análisis de los movimientos de masas de hace medio siglo, fue el concepto de “momento”. Sin excluir otras posibles categorizaciones y encuadramientos elegimos pensar el 68 como un momento/instancia. Un segmento temporal identificado, en forma convencional y elástica, con el lapso aproximado de una década (1965-1975) y en el cual determinados interrogantes, ideas, agendas, sensibilidades y praxis de sujetos concretos constituyeron los principales ordenadores de los movimientos de contestación política y social en el mundo desarrollado con proyecciones hacia las periferias del planeta. Concepto que nos permite categorizar mejor los rasgos más unitarios de estos movimientos por sobre sus características más específicas y particulares. Como resultado de nuestro trabajo creemos que uno de los elementos más disruptivos, multifacéticos y enriquecedores del momento del 68 fueron las nuevas formas de concebir las relaciones entre centro/periferia y periferia/centro del mundo como parte de la dialéctica del proceso revolucionario en perspectiva mundial.


Imagen 1. Independencia de Argelia. www.wanafrica.com

El momento del 68 alumbro nuevas formulaciones programáticas, nuevas praxis políticas y sociales, y nuevos esquemas de comprensión, representaciones, subjetividades e imaginarios sobre la relación entre los polos desarrollados del mundo y sus periferias atrasadas y subalternas. Como punto de arribo de una serie de procesos, hijos de las transformaciones del mundo de, pero que hundían sus raíces más atrás en el tiempo, alrededor del 68 la contraposición entre el desarrollo y el sub desarrollo y las reacciones que producía se erigieron como uno de los testimonios más contundentes de la crisis del capitalismo a nivel mundial. Como una de las grietas más fuertes que la fortaleza del sistema presentaba frente a la impugnación y el asedio de las masas. Como producto de nuestro trabajo hemos llegado a la conclusión de que en el momento del 68 la hora de medir la magnitud de las presiones mutuas entre los procesos que se producían en las metrópolis, por un lado, y en los países semicoloniales y coloniales, por el otro; se constata una cierta asimetría hacia el segundo término de la contradicción. Sin negar la importante difusión de ideas, esquemas y representaciones desde el mundo desarrollado a la periferia creemos que el momento del 68 estuvo marcado, principalmente, por una fuerte impronta periferia/centro. En la actual versión hemos desarrollado más en detalle algunos tópicos particulares del trabajo que en la versión para la edición impresa habían sido esbozados de manera más general.


Imagen 2. Fidel Castro y el Che Guevara http://sosialisalternatif.org

Quiero terminar esta introducción comentando que alrededor de la búsqueda del análisis y la difusión de estos temas nació la idea de abordar las relaciones periferia/centro y centro/periferia en el 68 en una mesa de investigaciones que fue parte de las VII Jornadas Los Terciarios hacen Historia que se desarrolló en el ISP Joaquín V. González de la ciudad de Buenos Aires los días 26, 27 y 28 de septiembre de 2018. En ella docentes y estudiantes presentaron ponencias sobre la Primavera de Praga, sobre las huelgas estudiantiles de Belgrado en junio de 1968, el movimiento de Tlatelolco, sobre el 68 en medio oriente y su relación con las luchas de liberación del pueblo palestino y sobre distintos movimientos estudiantiles de fines de los años 60 en África y el mundo árabe. Tuve el gusto de coordinar esta mesa junto a otros colegas docentes de dicha casa de estudios de la que tuve el orgullo de haber egresado y de ser actualmente parte de su cuerpo docente. Más aún que en estos momentos la continuidad de dicha casa de estudios, y del resto de los institutos de formación docentes de la ciudad de Buenos Aires, corre riesgo por un polémico proyecto de ley que el gobierno derechista de la capital argentina quiere imponer a caballo de una mayoría automática que detenta en la legislatura estadual. En medio de importantes movilizaciones luchas gremiales y políticas protagonizadas por docentes, estudiantes y trabajadores de la Argentina ese espacio de análisis sobre el 68 (periferia/centro; oeste/este) intentó ser una modesta instancia de reflexión sobre los poderosos nexos que unen la luchas que se produjeron en todo el mundo hace 50 años (a las que sumamos la gesta de la Reforma Universitaria de 1918) y las que hoy debemos encarar para transformar la realidad.

Abajo la UNICABA!

¡Retiro inmediato del proyecto!

¡No al cierre de los institutos de formación docente!

 

 

Del Orfeo Negro a la ofensiva del Tet

Mejor se ponen sombrero
que el aire viene de gloria
si no los despeina el viento
los va a despeinar la historia
Mario Benedetti. Cielo del 69.

La forma de concebir la relación entre el llamado mundo desarrollado y las periferias atrasadas es sin duda una de las facetas más ricas y fecundas del momento del 68 y su emergencia de ideas, imaginarios y representaciones. Desde los debates sobre la cuestión colonial en la segunda internacional y su continuación en la elaboración de una teoría del imperialismo en los congresos del Komintern el tema de la relación entre las sociedades de las metrópolis del capitalismo central y los mundos coloniales o semicoloniales siempre estuvo presente en la agenda de las izquierdas mundiales. Pero el mundo emergente de la segunda posguerra mundial marcó un momento de ruptura importante al respecto. En ese sentido creemos que el 68 marcó un punto de llegada en el proceso de formación de imaginarios, representaciones y formas de reapropiación de las realidades del mundo periférico/subdesarrollado/colonial por parte de las izquierdas de los países centrales. Proceso en el cual la presión ejercida por los movimientos y rupturas que se producían en la periferia tuvo tanto o más peso que la reapropiación de estos movimientos y rupturas por distintos actores del centro desarrollado.


Imagen 3. Escena del filme Orfeo negro. El Tercer Mundo también tenía mitología. https://elpais.com

Existió un primer momento de interacción centro/periferia-periferia/centro que puede relacionarse/situarse en la temprana Guerra Fría y se prolongó hasta el comienzo de la década del 60. El mundo de la segunda posguerra mundial era un mundo organizado alrededor de la guerra de bloques (este/oeste) pero pronto atravesado también por la oposición entre los países centrales y los países semicoloniales/coloniales (norte/sur). Las naciones colonialistas clásicas asumieron el fin del eurocentrismo y buscaron conjurarlo dentro de la oposición este/oeste y delegando la responsabilidad mayor de ser gendarme del “mundo libre” a la nueva potencia (Estados Unidos) que sustituía la hegemonía de los viejos imperios obsoletos. Ese momento estuvo marcado por la emergencia de importantes e inéditos procesos revolucionarios en países coloniales y semicoloniales: a) las revoluciones socialistas (China, Indochina, Cuba) y b) guerras de liberación anti colonial (Argelia, etc.) y c) el comienzo del desmonte del sistema colonial en África y Asia y la formación del bloque de los países del Tercer Mundo. Era el mundo colonial y semicolonial el que irrumpía en la escena mundial con procesos muy concretos y de magnitud difícil de exagerar. La repercusión de los problemas de las naciones coloniales y semicoloniales reconocía antecedentes en el periodo de entreguerras (congresos antiimperialistas, congresos panafricanistas, abordaje de los problemas nacionales en los congresos de la Tercera Internacional, etc.) pero no puede compararse al impacto que tuvo la creación de un foro de gobiernos de países que se definían como independientes de ambos bloques mundiales como el que se formó en la Conferencia de Bandung en 1955. Nunca antes procesos iniciados en la periferia del mundo comenzaban a adquirir un peso tan grande en el panorama político planetario.


Imagen 4. Conferencia de Bandung. www.leyresorte.gob.ve

 

 

El descubrimiento del oprimido

Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo Galeano. Los Nadies

 

¿Cuál fue la respuesta desde las ciencias sociales, el campo intelectual de izquierda y sus nexos con el mundo de las artes y la cultura a esta emergencia general de la realidad del mundo colonial? No es una pregunta a la que se le pueda dar una respuesta sintética. Queremos resaltar dos datos que se desprendían de las lecturas de estos procesos y que tendrían una fuerte gravitación en las subjetividades políticas sesentistas: a) La formación de estados y ordenes políticos y sociales que desafiaban los modelos vigentes tanto del mundo capitalista central y sus periferias más ordenadas y de los países del bloque del este organizados de acuerdo al modelo soviético clásico; b) la emergencia de nuevos sujetos sociales y políticos que desafiaban la contradicción clasista capital/trabajo leída de forma unilateral. Principalmente el campesinado, cuya delimitación y contornos no siempre eran fáciles de definir en la vasta geografía de nuestro planeta. Pero también otros sujetos víctimas de opresión (minorías étnicas, mujeres) y el rol de grupos que actuaban como mediadores sociales en los procesos políticos del mundo colonial (estudiantes, religiosos, militares jóvenes, etc.). Los procesos de transformación en el tercer mundo incidieron en los sistemas de ideas, los paradigmas científicos y disciplinares y la apropiación desde el arte y la cultura de las imágenes y representaciones provenientes desde fuera del llamado mundo desarrollado (países capitalistas/regímenes burocráticos).


Imagen 5. El conflicto este y oeste mirado en clave tercermundista © Plantu. Le Monde, 5-12-1978

Los intelectuales del mundo central que leían estos procesos y buscaban repensar esquemas y categorías para su mejor comprensión asistieron a la crisis de los paradigmas eurocentristas. Se asistía a un momento de auge del pensamiento anticolonial cuya evaluación integral excede en mucho lo marcos de este trabajo. Nos interesa en cambio poder definir una cierta visión general en las distintas expresiones del anti colonialismo, de los dos decenios posteriores al fin de la Segunda Guerra Mundial, como formas de comprender/aprender al mundo de las periferias. Con el antecedente de los movimientos de la preguerra que intentaron establecer una lectura básica, muchas veces asistemática y hasta instintiva del mundo desde la subalternidad/colonial (panafricanismo, negritud, indigenismo) en los fines de los cuarenta y los cincuenta del siglo XX se avanzó hacia la emergencia de esquemas de mayores pretensiones teóricas sobre el mundo no occidental realizados por pensadores provenientes al mundo desarrollado o ligados a él. Sin duda no puede ponerse un signo igual entre los análisis y diagnósticos de autores como Frantz Fanon, Roger Bastide, Albert Memmi, Tibor Mende, Jean-Paul Sartre, Jacques Berque, Claude Lévi-Strauss, etc. No obstante creemos que hay una serie de ideas-eje; proyectos-eje que definen un primer momento del anti colonialismo de la Posguerra Fría: a) el destronamiento de la razón occidental que paso a dejar de ser considerada como el modelo acabado del pensamiento racional y a ser evaluada como una más entre las distintas lógicas culturales que alumbro la raza humana; b) la vocación y la necesidad de hacer hablar al colonizado con su propia vos para que exponga su cosmovisión/cosmopercepción del mundo con sus estructuras, mitos, tensiones, saberes, practicas, etc.; c) la concepción del colonialismo como una violencia sistémica que no reconoce límites entre violencia física/violencia cultural; negación de derechos/negación de identidad. Como un sistema basado en un dispositivo de poder que aúna, de forma necesaria, subalternización económico-social, política-ideológica y cultural.


Imagen 6. Los condenados de la tierra de Frantz Fanon.
La Biblia del anticolonialismo

Estas ideas eje instalaron una subjetividad en la que se podía repensar la identidad del sujeto de la revolución en términos de la diversidad de los pueblos del mundo. El marxismo clásico había elaborado el concepto de explotado, de connotaciones universalistas, al que, luego de un largo y complejo camino, se le pudo adjuntar/articular el concepto de colonizado. La década del 60 va a alumbrar un nuevo rostro de lo subalterno periférico: el oprimido. Un concepto, refractario al pensamiento de izquierda europeo clásico. Que desafiaba el bagaje teórico conceptual del marxismo aunque podía reconocer algún eco en el legado ácrata bakuniano. El oprimido es alguien que no sólo sufre explotación en términos económico sociales sino que también carece de poder de decisión sobre su vida. Alguien que sufrió el arrasamiento de las estructuras comunitarias de sus antepasados, a quien se agredió cultural e ideológicamente y se negó el derecho a la palabra, a un rostro propio y a la identidad. Alguien que no sólo había que liberar en términos económicos, sociales y políticos sino también hacerle recuperar su conciencia de sí mismo y sus raíces. Alguien para quien era tan revolucionaria la transformación de las relaciones de producción como el hecho de poder hablar su idioma, vivenciar su cultura y leer el mundo desde su propio bagaje cultural. El oprimido no era sólo el miembro de una clase social explotada. Era parte de un pueblo-clase subalternizado.


Imagen 7. Portada del libro Pedagogía del oprimido, de Paulo Freire

 

 

Los frentes abiertos y las tensiones

No lo van a impedir ni prohibidos,
ni novios convencidos y hechiceros,
no lo van a impedir las soledades
a pesar del otoño creceremos.
Amaury Pérez. Creceremos.

En el alumbramiento de la noción de oprimido estamos ya en el umbral de una nueva forma de leer la interacción centro/periferia. El momento de la inversión del paradigma que empieza a pensarse más desde la secuencia periferia/centro. En los años 60 la periferia del mundo siguió golpeando a la hegemonía del mundo central pero lo hizo desde formas más difíciles de encuadrar a partir de oposiciones espacio/temporales definidas. La lectura de los problemas del mundo periférico post 60 agregó el análisis de una serie de procesos que atravesaban no sólo la oposición centro/periferia a escala planetaria, sino que denunciaban la existencia de espacios atrasados y subalternos en el espacio continental y hasta en los espacios nacionales del mundo desarrollado. En oposición al periodo anterior en que fue sobre el mundo capitalista sobre el que se proyectaban las sombras proyectadas desde el mundo colonial y semicolonial ahora estos nuevos embates sacaban también a la luz tensiones dentro del hasta ese entonces, bastante unificado bloque de los países del llamado “socialismo real”. Con el antecedente, un tanto ambiguo, de la disidencia yugoslava en 1948, el conflicto chino/soviético va a tener una proyección insospechada sobre la escena política sesentista. Tomaba forma la incertidumbre de que detrás del poderío nuclear soviético, que instalaba misiles en Cuba pero los retiraba para pactar “convivencia pacífica”, se perfilaba la sombra de un comunismo duro y brutal de ojos rasgados y uniforme de fajina que llamaba a la insurrección permanente de todos los colonizados de la tierra. El perfil alto que el gobierno revolucionario de un país pequeño como Cuba iría adquiriendo en las luchas mundiales (Conferencia Tricontinental, OLAS) sumaría otro elemento disruptivo de primer orden en la escena mundial. Que hasta un país pequeño perteneciente a la periferia más atrasada y premoderna de Europa como Albania, podría llegar también a proponerse como modelo mundial de un socialismo ultra igualitario, purista e intransigente parecía abonar la idea de que el tiempo estaba a favor de los pequeños. Sin duda el documento-imagen icónico de esta subjetividad fue el discurso de El Che en Argel en 1963. En su doble carácter de denuncia implacable al imperialismo pero también a la persistencia de una lógica hegemonista y aun pactista en las naciones que se presentaban como los antagonistas mundiales del imperialismo norteamericano. La política chauvinista de la URSS en Europa oriental (Hungría, 1956; Checoeslovaquia, 1968) y las explosiones autoritarias de los regímenes satélites (Berlín, 1953; el Octubre polaco de 1956; Conflictos y huelgas polacas 1968-1970) también contribuyeron al desangelamiento del proceso soviético una de cuyas expresiones fue la ruptura de los PC eurocomunistas.


Imagen 8. Revolución Cultural China. https://litci.org/es

En un espacio un poco más gris en donde los procesos de liberación no tenían posibilidades, pero tampoco vocación, por ensayar vías claramente capitalistas también habría novedades. La descolonización del mundo árabe y, en su versión más ampliada, la del mundo islámico y otras regiones asiáticas incorporo al escenario mundial sistemas políticos de economía mixta y con regímenes nacionalistas que planteaban distintos grados de resistencia a las viejas metrópolis (Gamal Abdel Nasser en Egipto) que habían desarmado sus imperios pero que seguían considerado a sus excolonias como sus periferias económicas. La descolonización del mundo negro africano representaba una versión más compleja de lo anterior. En un plano subjetivo la incorporación al sistema político mundial de un montón de países gobernados por elites no blancas, algunas que pretendían incluso ensayar “vías africanas al socialismo”, golpeó muy fuerte en el imaginario de las izquierdas occidentales. En ese mundo globalizado a pasos sostenidos por los avances de las comunicaciones figuras como Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Sékou Touré y Julius Nyerere, con sus narices chatas y sus ropas tradicionales, se convirtieron en poderosísimos íconos de la presencia de las periferias más atrasadas del mundo en el centro de los problemas políticos del orbe.


Imagen 9. Guerra de Biafra (1967-1970). La herencia del colonialismo en su peor expresión. http://www.pinsdaddy.com


Imagen 10. Kwame Nkrumah. ¿Socialismo a la africana? www.blackhistoryheroes.com

 

 

Colonialismo interno e importación de mano de obra

Lleva la cruz del marginado
lleva otro idioma 
lleva su familia, eso es bastante
dice el inmigrante.

León Gieco. Canción del inmigrante

Otra forma de proyección de la problemática de las periferias sobre el centro del capitalismo mundial la constituyó la revelación de que el propio espacio del mundo desarrollado reconocía zonas negras y bolsones de “colonialismo”. Los regímenes de minoría blanca que heredaron al colonialismo en el África de las reservas (Samir Amin, dixit) podían ser leídos como una forma explícita de colonialismo post colonial en un continente saqueado por los colonialistas. Los motines de Sharpeville o Soweto podían ser leídos como muy lejanos y muy cercanos a la vez de los problemas del mundo desarrollado. Desde el mismo esquema que combinaba enclave imperial/subalternización de la población local se comenzaba a leer la situación de los palestinos en Israel como una forma de colonialismo periférico. Lucha que luego de la guerra de los siete días en 1967 pasaría a ocupar un tema central en la agenda política mundial. Agregándose el sionismo en la larga lista de “ismos” que representaban la violencia hegemónica y subalternizadora a lo largo del mundo.


Imagen 11. Nablak. El exilio palestino. Sionismo y limpieza étnica
www.tapuz.co.il

Por su parte Estados Unidos asistía a la lucha por los derechos civiles de los afro norteamericanos, al principio pacífica, pero que a fines de la década tomó forma de motines de las periferias de las ciudades industriales (Harlem, Detroit, Chicago, Los Ángeles, etc.). Motines que analistas de izquierda como Leo Huberman y Paul Sweezy definían como “guerra colonial”. Junto al conflicto más étnico de los afroamericanos la Norteamérica de la década del 60 conocerá la emergencia del movimiento chicano, más propio de una minoría nacional. Así como el activismo de otras minorías: puertorriqueños, asiáticos y el movimiento por los derechos de los aborígenes que se extendió hasta la muy postindustrial Canadá. Inglaterra y Francia recibían la inmigración de sus excolonias que rodeaban sus ciudades de barrios donde se hacinaba esta mano de obra híper explotada del primer mundo. El propio espacio europeo conocía desde el fin de la segunda guerra estas migraciones, nunca del todo bien asimiladas, hacia los centros económicos más dinámicos: italianos que trabajan de mineros en Bélgica y Alemania o de empleados de las grandes automotrices y albañiles en Suiza; yugoslavos a los que el “socialismo autogestionario” de Tito exportaba hacia Alemania e Italia; italianos pobres del sur que inmigraban a Turín y Milán a trabajar a las automotrices norteñas. En términos de espacios nacionales la Europa capitalista sufría “invasiones bárbaras” desde una periferia de naciones pobres, que no casualmente, tenían gobiernos autoritarios (España, Portugal, Grecia… verdaderos “eslabones débiles” de la cadena imperialista) y exportaban mano de obra hacia economías más desarrolladas: los trabajadores españoles y portugueses de las automotrices francesas que participaron en la gran huelga de mayo del 68. La situación de los migrantes del primer mundo como un proletariado híper explotado y la insurgencia de las minorías representaban un rostro muy oscuro de las sociedades opulentas, su tan cacareada mejora en los estándares de vida y su “integrador” sistema de Welfare State. El activismo de los estudiantes franceses entre los inmigrantes españoles y portugueses durante el mayo del 68, con los migrantes argelinos y negro africanos; la organización de los estudiantes latinoamericanos de Nanterre en organizaciones por pabellones para discutir la problemática de sus países (incluyendo la reivindicación de la Reforma Universitaria de 1918, de la que se cumplían 50 años y que el movimiento francés tomaría como uno de sus más importantes antecedentes); el trabajo de la izquierda obrerista italiana con los migrantes meridionales y de los estudiantes del SDS en Berlín con los migrantes del norte de África y medio oriente; de los estudiantes británicos contra la discriminación a los jamaiquinos y en apoyo a los exiliados políticos hindúes; también forman parte de las luchas del 68. Así lo expresó claramente Jean-Paul Sartre en una alocución que pronunció durante un conflicto laboral de migrantes en 1970 y que fue publicado con el título “El Tercer Mundo comienza en los suburbios”.


Imagen 12. La revuelta de Soweto (1976). http://nangalama.blogspot.com/

 

 

La insurrección de las periferias

¡Es el tiempo del cobre
mestizo, grito y fusil!
¡Si no se abren las puertas
el pueblo las ha de abrir!

Daniel Viglietti. Canción para mi América.

En el plano político de todos los procesos del mundo periférico que proyectaban influencias sobre el mundo desarrollado la Guerra de Vietnam fue el más central. Casi todos los países del “primer mundo” arrastraban algún conflicto colonial no resuelto: Gran Bretaña el problema del Ulster y su oscura injerencia en un conflicto emblemático de la época, aunque olvidado con el tiempo, como la guerra de Biafra que prolongaba, de forma encubierta, el viejo modelo de guerra intercolonial con el protagonismo de las multinacionales del petróleo; Francia la sangrienta guerra de la independencia de Argelia; la rebelión de los canacos en Nueva Caledonia y sus continuas intervenciones en sus ex colonias de África negra; Bélgica su retirada sin gloria del Congo y su incidencia oscura en los posteriores conflictos de esa región; Portugal su pertinaz y obstinada presencia colonial en África que llevaría a la crisis final del régimen fascista gerontocrático. Pero sin duda fue la guerra de Vietnam, en su doble carácter de prolongación de una situación colonial y de guerra de baja intensidad entre bloques, la que represento el gran conflicto del periodo. Como es conocido en Estados Unidos fue el elemento central en la crisis de consenso más grande que el país gendarme mundial del capitalismo iba a sufrir en su trayecto de potencia hegemónica. Pero Vietnam fue mucho más que el marchitamiento del American Dream. Promovió movilizaciones y descontentos en todos los países de una u otra manera involucrados en el conflicto. Ya sea porque implicaban la complicidad con un régimen de dependencia imperialista como en caso del Japón; o por que involucraban el apoyo diplomático y militar en la guerra: Gran Bretaña, Canadá y, particularmente, Australia.


Imagen 13. Protestas contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos
www.commondreams.org

Este último país, que llegó a tener 45.000 soldados en Indochina, y en donde el movimiento estudiantil de Sídney, Melbourne, junto a las ramas más progresistas del partido laborista se hicieron eco de las movilizaciones antiguerra de Estados Unidos pero también las de Tokio. La izquierda australiana que protagonizara una breve primavera “progre” con el gobierno de Gough Whitlam (1972-1975) repudiaba la legislación de la Australia Blanca (cuotas restrictivas para los migrantes asiáticos), apoyaba la lucha de los derechos de los aborígenes australianos por sus derechos y buscaba la hermandad con los pueblos no blancos del Tercer Mundo. Por su parte los estudiantes yugoslavos que protagonizaron la primavera de Belgrado en junio de 1968, tan estratégicamente a caballo de las fronteras ideológicas del mundo, se solidarizaban también con la lucha del pueblo vietnamita. En la Universidad de Essex, ocupada por los iracundos británicos en 1966, la consigna contra el fuera yanquis y, también británicos, de Vietnam marcó el eje de dicho conflicto. Es conocido el caso francés, tan inseparable de lo que había sido la agitación contra la guerra genocida en Argelia, y los comités de base por Vietnam que fueron una de las muestras más vigorosas de la izquierda radical antes, durante y después del mayo del 68. Refleja un caso particular el protagonismo en este terreno de la corriente maoísta francesa que unía la lucha por Vietnam con la reivindicación de un proceso como la Revolución Cultural China que tanto agito las conciencias radicalizadas occidentales en 1966. Pero la causa de Vietnam superó las disputas entre corrientes de izquierda y unificó a todo el campo revolucionario como la defensa de la República española había unificado tantas voluntades entre 1936-1939. Es interesante relacionar, en el momento del 68, este sentimiento revolucionario antiguerra comparándolo con la oposición a la guerra de Corea una década y media antes. Aquella olvidada derrota del imperialismo norteamericano en el primero de los conflictos de baja intensidad de la Guerra Fría, había sido impugnada por la militancia de los partidos de izquierda clásica en todo el mundo, pero no había logrado desarrollar un movimiento de opinión internacional con múltiples expresiones y enraizado en una conciencia tan visceralmente vivenciada por toda una generación en un momento determinado.


Imagen 14. El premier australiano Gough Whitlam con Mao Tse-Tung.
www.dailytelegraph.com.au

 

 

Periferias plurales

Que vivan los estudiantes
porque son la levadura
del pan que saldrá del horno
con toda su sabrosura
para la boca del pobre
que come con amargura.
Caramba y zamba la cosa
¡viva la literatura!

(Violeta Parra, Que vivan los estudiantes)

 

En el momento del 68 el modelo revolucionario por excelencia de las periferias coloniales del mundo fue la guerra insurreccional. Pero las periferias del planeta son plurales. Así como existían bolsones de atraso en los países metropolitanos existían polos de desarrollo desigual en las periferias. Ya mencionamos el caso de los motines raciales de Sharpeville y Soweto como una realidad diferenciada en el contexto africano. Podríamos agregar los motines estudiantiles en la universidad de Dakar, un 68 poco estudiado, que enfrentó al gobierno del alguna vez anticolonialista, Léopold Senghor y concitó el apoyo del movimiento obrero de lo que había sido la colonia “avanzada” de Francia en África. En la más semicolonial y compleja América Latina, junto a la emergencia de la lucha insurreccional campesina, también se produjeron movimientos cuya distancia con los que se sucedían de los países centrales en ese momento se achicaba mucho. La típica contestación estudiantil, con relativas posibilidades de convocar a una alianza social más amplia, tuvo su principal expresión al sur de Río Bravo en el trágico movimiento de Tlatelolco en octubre de 1968 que mostró las grietas de un régimen populista con alto consenso como el del PRI. Pero también hubo un 68 estudiantil chileno; hubo un 68 de los estudiantes de Brasil contra la dictadura de los mariscales; un 68-69 en Uruguay contra el autoritarismo de Pacheco Areco y; la movilización estudiantil y popular en Costa Rica en 1970. Un proceso como el de la Unidad Popular chilena, a caballo de ciertos rasgos diferenciales del Chile “modernizado” de los años 60, reconoció cierta atmosfera común con las huelgas/primaveras de los países centrales (impronta generacional, pluralidad de sujetos que tomaban la palabra, experiencias de contra poder, debate y auto revisión del proceso sobre la marcha). En particular en las formas de lucha con las que el pueblo del país hermano que logro frenar la ofensiva golpista en octubre de 1972 para luego ser derrotado el año siguiente por una derecha que, no por casualidad, leyó atentamente los métodos de las masas y luego elaboró su propia estrategia para disputarle la calle al gobierno de izquierda. En la Argentina insurreccionada contra el onganiato y sus sucesores, militares y civiles, jugo un rol más central la revuelta popular con lucha de calles, en base al eje obrero-estudiantil, que los intentos de mostrar focos guerrilleros por las organizaciones armadas. En 1969 el Cordobazo y su explosión insurreccional protagonizada por estudiantes de una universidad con una historia emblemática de lucha, junto con los bien pagos obreros, muchos de ellos de origen rural, de un concentrado parque industrial e poco más de una década de existencia, constituyó también un proceso que volvía a traer a colación los efectos del “desarrollo desigual combinado” en las periferias del planeta. Lo mismo las huelgas de Rosario ese mismo año y otros movimientos semejantes que se producirían hasta la víspera del golpe genocida de 1976 en distintas ciudades argentinas con importantes concentraciones obreras. También en los meses del otoño del 73, que siguieron al triunfo electoral del FREJULI, con su movilización constante y sus tomas de edificio, universidades y lugares de trabajo en una versión sudaca, sui generis, con rasgos un poco menos autónomos y menos contraculturales, que las primaveras del viejo mundo en las cuales las masas intentaban tomar la palabra.


Imagen 15. Poder popular en el Chile socialista. http://reformaschilito.blogspot.com/

 

Raza/clase y e izquierdas étnicas

De Chancay a Mozambique
de Ayacucho hasta Angola
ya no hay nadie que repique
somos una misma historia.

Nano Stern, Sambalando.

Otro elemento político que hay que tomar en cuenta como parte de las respuestas de la Nueva Izquierda de los países centrales a la proyección de los problemas de la periferia en la escena mundial: el desarrollo de corrientes de izquierdas étnicas. No sólo los movimientos étnicos de Estados Unidos (Black Power, Musulmanes Negros, Panteras Negras); la lucha contra el apartheid en Sudáfrica o el surgimiento de una izquierda afro en el Caribe anglófono. También el activismo de los maoríes en Nueva Zelanda; los aborígenes en Australia o las minorías Burako, Zenchei o Ainus en Japón. Aun en la propia Europa la organización de minorías indígenas en lucha por sus derechos (gitanos, samis, nómadas de las islas británicas) y las tensiones no resueltas por las minorías nacionales y lingüísticas de Europa (valones, vascos, corsos, catalanes, etc. Agreguemos del otro lado del Atlántico a los francocanadienses de Quebec). Nunca, hasta entonces, la cuestión étnica o nacional había sido susceptible de ser apropiada tan frondosamente desde posiciones políticas que se pretendían revolucionarias. Nunca la idea del socialismo había adquirido un carácter tan multicolor. Nunca la dimensión identitaria de pueblos y minorías en los procesos de construcción política se había incorporado tan de pleno derecho en el campo de la izquierda independientemente de una continua tensión no resuelta entre etnia/clase en la mayoría de estos movimientos. En esos años las izquierdas étnicas de los países coloniales también protagonizaron movimientos de masas contemporáneos a los del resto del mundo. Pensamos en la ola de motines de estudiantiles, trabajadores, desocupados y grupos aticistas que atravesó el Caribe: Kingston (1968); Curazao (1969); Puerto España (1970).


Imagen 16. Motines de Jamaica en 1968. http://digjamaica.com

 

 

Las heridas del narciso eurocéntrico

Tengo tu mismo color
y tu misma procedencia.
Somos aroma y esencia
y amargo es nuestro sabor.
Tu cruzaste a Nueva York
con visa en Bab el-Mandeb,
yo mi trópico cruce
de Abisinia a las Antillas.
¡Soy como ustedes semilla
soy un grano de café!

Nicomedes Santa Cruz. El café.

 

En el plano del conocimiento las expresiones de un pensamiento que impugnaba la hegemonía del logos occidental se enriquecieron y diversificaron en los años 60, en medio de un proceso tan rico de transformaciones del campo intelectual como el que reconoció en el movimiento del 68 su punto de inflexión. Desde la posguerra el interés por la compresión de los logos de los pueblos no occidentales habían llevado a que estudios de casos realizados en pueblos aborígenes y en sociedades recientemente descolonizadas sirvieran de base para la elaboración de nuevos modelos teóricos (Lévi-Strauss y su trabajos en el Matto Groso y en Pierre Bourdieu y sus trabajos de campo en la Argelia que atravesaba el proceso de descolonización). No tenemos espacio para mencionar todos los rescates y abordajes de tópicos y realidades de los mundos coloniales y periféricos en esos años. Enumeraremos los principales: a) los equipos de estudio del África precolonial formados en ámbitos de historiadores de izquierda en Francia (Jean Chesneaux, Coquery Vidrovitch, Jean Suret-Canale, etc.) y otros países; b) los debates sobre las formaciones económicas en el precapitalismo y la discusión sobre el modo de producción asiático (Maurice Godelier); c) los debates sobre los modos de producción en América colonial (Cardoso, Gunder Frank, Laclau, etc.); d) los debates sobre las caracterización de las sociedades complejas de América prehispánica (Murra, Metraux); e) la dimensión anti colonial del surgimiento de corrientes críticas dentro de distintas iglesias en los años 60 (teología de liberación en América Latina; Teología Negra en África, católica y protestante, etc.); f) el esfuerzo por liberar al psicoanálisis y a la psicología en general de su carga teocéntrica por medio del cuestionamiento del carácter universal de categoría como el Edipo, el rescate de esquemas chamánicos; etc. (antipsiquiatría, psicología transcultural, las consecuencias psicológicas de la guerra colonial según Fanon, etc.); g) el estudio las formas originales de la vida espiritual en los pueblos colonizados, sus formas sincréticas y sus formas de apropiación y significación de las formas religiosas impuestas por los colonizadores (cultos de cargo en Oceanía; cultos sincréticos afroamericanos; iglesias sionistas en África; movimientos mesiánicos y de respuesta a la aculturación (rastafarismo, sebastianismo, etc.); h) el desarrollo de teorías y practicas pedagógicas que buscaban descolonizar los procesos educativos y dialogar con las culturas subalternas (Pablo Freire y la pedagogía del oprimido); i) el relevamiento de un mapa del hambre, como fenómeno socio económico pero también cultural, en el mundo por los sociólogos de la pobreza (Josué Castro); j) las teorías de la economía mundial leídas desde la relación centro/periferia (Dependentistas, Samir Amir, Gunder Frank, etc.); k) el desarrollo de foros intelectuales, de pensamiento crítico, en universidades de países del Tercer Mundo. Especialmente en África; Dar el Salam; Nairobi; Accra; etc.; l) el intento de desarrollar esquemas de comprensión de la historia de los continentes coloniales desde un marxismo no eurocéntrico (Walter Rodney, Stokely Carmaichel, etc.); 2) el desarrollo de una sociología del campesinado en los distintos mundos coloniales y su inserción en el mundo desarrollado (Eric Wolf, los equipos de la universidad de Wisconsin, etc.); m) el rescate de la oralidad en las culturas no occidentales; n) la traducción a distintos idiomas de la obra de escritores africanos, asiáticos, indígenas, etc.; ñ) el estudio por los lingüistas de la inter relación de las lenguas coloniales con los idiomas nativos a lo largo del mundo; o) Un nuevo redescubrimiento del arte de los pueblos nativos y colonizados; p) el auge de la música étnica y la incorporación de esas formas musicales en la música occidental (jazz rock, reggae, etc.); q) el desarrollo de un cine, documental y de ficción, que buscaba rescatar los voces y los rostros de los pueblos no occidentales y expresar solidaridad con sus luchas (El llamado Tercer Cine).


Imagen 17. James Cone. Padre de la teología negra. https://btpbase.org

En relación a este último ítem basta con mencionar la realización en la Argentina de un filme-documento de fuerte tono tercermundista, por momentos un poco maniqueo, como La Hora de los Hornos de Getino y Solanas en ese emblemático año de 1968. Un año antes que en la Argentina estallara en la insurrección conocida como el Cordobazo. Ese cine que reconocía como antecedente a Gil Pontecorvo en La Batalla de Argelia (1966) y su retrato de la lucha colectiva de un pueblo para liberarse de una metrópoli colonial que le negaba la condición humana. Tema que Pontecorvo volvería a tratar en Queimada (1969) un imponente cuadro sobre el esclavismo colonial inspirada en la revuelta de los esclavos haitianos. Los protagonistas de los filmes documentos y filmes ensayos son oprimidos en el sentido que el neo marxismo tercermundista, vimos, le daba a dicho concepto. Lo mismo los personajes de Los hijos de Fierro (1972-1973) de Solanas como encarnación de los héroes anónimos de un pueblo-clase con una identidad fruto del mestizaje de baja intensidad “el cabeza negra”. Junto al oprimido la pantalla grande descubre otro rostro de los pueblos subalternos de la tierra: el ignorado. Existió un tercer cine un poco menos político que decidió mostrar a los pueblos de Tercer Mundo y sus culturas principalmente como rostros invisibilidades e ignorados por la cultura dominante. Pensamos en Glauber Rocha y Dios y el diablo en la tierra del sol (1964), en Macumaina (1969) de Pedro de Andrade o en Miguel Littin y El Chacal de Nahuel Toro (1969). El relato de la rebeldía de los pueblos-clase de la tierra llevada a la pantalla era la contra cara de cierta apropiación de las realidades del mundo subdesarrollado que mezclaba el sensacionalismo exotista y morboso con la pseudodenuncia. Nos referimos al género documental conocido cine mondo cuyas principales expresiones fueron Mondo Cane (1962), Adiós África (1966) y Adiós Tío Tom (1971) de Gualterio Jacopetti. Existió incluso un cine del 68 incluso que miraba hacia el mundo no occidental como el escenario de un tipo de sociedad prístina cuyo conocimiento podía enseñar mucho de los interrogantes más profundos que el mundo occidental se planteaba sobre su pasado. Idea que desarrolla Pasolini en Medea (1969) y en ese esbozo de gran fresco trágico ambientado en África que es Apuntes para una Orestíada africana (1970).


Imagen 18. Apuntes para una Orestíada africana (1970). https://cinema10.com.br/

También el arte escénico de vanguardia se apropiaba de las imágenes de la periferia del mundo y de las minorías subalternizadas. El Odin Theatre de Barba, y su interés más antropológico que político, sobre los pueblos del mundo. El teatro afroamericano de las vanguardias yanquis, Carlos Valdez y el teatro chicano y su expresión identitaria cultural y lingüística. Se desarrollaba en todo el mundo un interés por rescatar los testimonios etnográficos de los escenarios del mundo. El interés por la opera China, por los dramas ritualizados hindúes y por las formas festivas y dramáticas de las culturas prehispánicas americanas. En el marco del ecumenismo cristiano de la década del 60 la música religiosa también se coloreaba y apelaba e ecos tercermundistas. Ejemplos de ellos son la Missa Luba (Congo, 1958); la Misa criolla (Argentina, 1964) y Misa campesina (Nicaragua, 1975). También la tradición de música afro protestante en África occidental, Jamaica, Trinidad Tobago, etc.

 

 

El campo simbólico del mundo subalterno

Que la universidad se pinte de negro, que se pinte
de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también
entre los profesores, que se pinte de obrero y de
campesino, que se pinte de pueblo.

Ernesto Che Guevara.

La invasión del Tercer Mundo al mundo desarrollado se proyectaba con fuerzas sobre el campo simbólico en una época en donde los lenguajes de imágenes, especialmente las audiovisuales, adquirían una potencia inédita. Lo anterior excede las clásicas tapas de las revistas sesentistas con modelos vestidas con chador hindú o trajes Mao en los Campos Elíseos o de hombres con camperas Nerhu. También a la aparición de mujeres afroamericanas o asiáticas desnudas en las tapas de revistas eróticas para hombres. Elegimos dos imágenes de fuerte repercusión en esos años que simbolizan la buena prensa epocal para lo tercermundista. Una es la de las giras de la artista y activista antiapartheid sudafricana Miriam Makeba recorriendo el mundo e interpretando el clásico hit Pata-Pata para popularizar la causa anti racista en el mundo. La otra es la de los atletas afronorteamericanos en el podio de las olimpiadas de México 1968, las que siguieron a la masacre de Tlatelolco, saludando con el puño en alto enguantado (¡Black Power!) mientras sonaba, previsible, el himno norteamericano. La podemos contraponer con el impacto brutal de las imágenes de los niños vietnamitas escapando de las nubes de Napalm o de los niños desamparados de Biafra con los vientres abultados y el cuerpo desnutrido. El mundo de fines de la década del 60 se había convertido en un lugar donde se estaba volviendo cada vez era más difícil esconder ciertas cosas. Volviendo a la Argentina queremos convocar expresiones tardías, en relación con el momento del 68, pero que confirman la importancia que tuvo la reflexión sobre el Tercer Mundo en el proceso político que se abrió en nuestro país con el Cordobazo y se cerró con el golpe genocida de 1976. Nos referimos a las alusiones a la problemática colonial presentes en la Carta a la Junta Militar escrita por Rodolfo Walsh (la alusión a la técnica genocida del cuenta cadáveres usada en Argelia y Vietnam. La extensión de la jornada de trabajo necesaria para alimentar a una familia: “resucitando formas de trabajo forzado que no persisten en los últimos reductos coloniales”; a las formulas del FMI: “que se aplican indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay e Indonesia”; las políticas que “crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina”: A los niveles de mortandad infantil en algunas zonas del gran Buenos Aires: “que nos iguala con Rodhesia, Dahomey y las Guayanas”).


Imagen 19. La Hora de los hornos (1968). www.telam.com.ar

 

 

El 68 y el buen salvaje

No te hagai el rastafari,
no te hagai el rastaman…
que te vamos a hacer
el hoyoyoyooooo!!!!

Ricardo Mollo, Camaron Bombay.

 

Sin duda la impronta tercermundista de la nueva izquierda mundial alrededor del 68 no fue sólo diálogo enriquecedor, descubrimiento de rostros e identidades, reivindicación de derechos encubiertos o ampliación/revisión fecunda de los paradigmas de análisis vigentes. Hay aspectos del tercermundismo y la exaltación periférica y post colonial del momento del 68 que, mirados a la distancia de medio siglo, no resultan tan fáciles de rescatar. Especialmente a la luz de la evolución posterior de algunos procesos. Existió un populismo tercermundista que postuló una visión acrítica y laudatoria de todo lo que provenía del medio, los movimientos y gobiernos de los países coloniales o recientemente descolonizados. Pensamos en la teoría del “racismo de los anti racistas” de Jean-Paul Sartre que justificaba las miradas demonizadoras que los movimientos de las minorías subalternizadas desarrollaban de las mayorías hegemónicas como una afirmación de la propia identidad ante la discriminación. Como una etapa necesaria para arribar a un segundo momento esclarecedor (negación de la negación) en que esos prejuicios se disiparían. La evolución histórica de la mayoría de los movimientos de base étnica no parece confirmar esta apreciación de Sartre hija del optimismo que provocaba la ebullición de la lucha anti colonial. Pensamos especialmente en el racismo “al revés”, incluso el exclusivismo frente a otras minorías, de las izquierdas de corte étnico a veces con el agregado de machismo y homofobia. La expresión más lamentable de este tipo de fenómenos fue la deriva de algunos grupos de izquierda solidarios con la lucha del pueblo palestino y críticos del sionismo israelí que terminaron deslizándose hacia posiciones anti semitas a fines de los 70 y años 80. El surgimiento de una corriente de autores de izquierda negacionistas del holocausto nazi o la figura del anti colonialista Jacques Verger como defensor judicial del nazi Klaus Barbie son argumentos inlevantables en ese sentido.


Imagen 20. Olimpiadas de México 68. Un podio no esperado en unos juegos manchados con sangre.
www.independent.co.uk

No existió en el momento del 68 mucha voluntad para desarrollar una mirada crítica de distintos aspectos negativos de los órdenes post coloniales y los nacionalismos tercermundistas. Ordenes políticos que, muchas veces, dejaban sobrevivir miserias heredadas del colonialismo a la vez que veces generaban nuevas formas de opresión. Entre otras el autoritarismo político, persecución a distintas formas de disidencia, culto a la personalidad; formas alevosas de corrupción en medios de países con hambre; impunidad de los elencos de gobierno; etc. Pensamos en los movimientos nacionalistas y policlasistas que tomaron el poder en muchas naciones descolonizadas y tomaron el aparato del estado como botín de guerra. Gérmenes de futuras guerras fratricidas y genocidios (Ruanda y Burundi, Liberia, Sierra Leona). Pero no sólo en ellos. Quizás sea un caso emblemático de este tipo de visiones maniqueas la exaltación acrítica de un proceso de muy difícil evaluación como la Revolución Cultural China. La Gran Revolución cultural fue entronizada como el paradigma de un proceso de revolución dentro de la revolución. Un fenómeno inédito donde el poder de las masas había alcanzado su máxima expresión dejando lejos atrás a los sans culottes de 1792 y 1793 y a los soviets de 1905 y 1917. De esta visión que predominó, con importantes matices, en la izquierda occidental entre 1966 y 1973 aproximadamente se pasó al otro extremo. El descubrimiento de la toma de distancia que había realizado Mao Tse-Tung, firmemente restablecido en el poder, respecto al movimiento que él había impulsado, para barrer a sus rivales dentro de la burocracia del PCCH y la persecución sistemática, incluyendo torturas y muertes, en los sectores más combativos de los guardias rojos. Descubrimiento que produjo en 1974 el espectacular giro a la derecha de los intelectuales maoístas franceses que formaron la corriente de los nuevos filósofos, esa escuela de pensamiento fuertemente anti marxista que nunca pudo disimular del todo que sus impulsores también habían, alguna vez, intentado tomar el cielo por asalto.

Otro de los límites históricos de la apropiación de los movimientos de la periferia del mundo en los 60 está representado por el traslacionismo mecánico de modelos. Fruto de una subjetividad que solía poner un signo igual entre vario pintas realidades del llamado Tercer Mundo. Esa lógica que pensaba que se podría reproducir, sin mucho problema, la estrategia guerrillera que triunfaba en los arrozales de la orilla del Mekong en el sertao brasileño, la sabana africana, las tierras altas de Guatemala o entre los cañaverales de Tucumán.


Imagen 21. El Tucumanazo (1968). Obreros, estudiantes y cañeros en lucha. www.nortegrandedigital.com

En un plano más antropológico, el avance de los estudios de las estructuras de las sociedades preclasistas o en el estado de jefaturas que sobrevivían en el mundo contemporáneo, no estuvo exenta de una idealización ingenua y unilateral. Paradójicamente en un mundo desarrollado en el que estallaba la rebeldía generacional y se reclamaba por la igualdad de los géneros se consideraba un ejemplo de igualitarismo y no alienación a dispositivos de poder que legitimaban la apropiación de recursos y el monopolio del poder por los miembros masculinos de los linajes dominantes de una comunidad campesina (Grandes hombres en Nueva Guinea). En un mundo que salía por primera vez a la luz los problemas de las minorías sexuales y los derechos de las personas con capacidades diferenciales se trataba con mucha consideración a los tabúes culturales de los pueblos “primitivos” que estigmatizaban a homosexuales, discapacitados, etc. En un mundo en donde se proclamaba la bandera de la democracia directa y se levantaba la reivindicación de la autonomía de los hijos frente a la autoridad paterna se endiosaba la ideología de los nacionalismos tercermundistas que entronizaban a un líder único concebido como un padre-conductor de todo el pueblo, por encima de las clases sociales y detentador de una autoridad intangible e indiscutible. No se trataba ya de un legítimo esfuerzo de comprensión desde una alteridad cultural dialógica sino de una reivindicación acrítica sin beneficio de inventario. Por último existió también un tercermundismo exotista ligado al alternativismo por el alternativismo mismo. Se expresó en la apropiación estereotipada de cultos orientales que propiciaban la huida de una realidad a la que se había renunciado a cambiar; en las comunas de hipees que se establecían en el desierto del suroeste de Estados Unidos para experimentar con alucinógenos o de los hipees que viajaban a Nepal a descubrir la sabiduría de la espiritualidad hindú y practicar sexo tántrico o alcanzar la iluminación por la práctica de la arquería y la meditación zen.


Imagen 22. La antropología anticolonial descubría la respuesta subjetiva al colonialismo en la Oceanía profunda.
https://bookzangle.com

 

 

A modo de conclusión: entre Ho Chi Min y el Preste Juan

La última vez lo vi irse
entre humo y metralla
contento y desnudo.
Iba matando canallas
con su cañón de futuro.

Silvio Rodríguez, La canción del elegido.

 

Resumiendo, creemos que la lectura de la relación periferia/centro en el momento del 68 constituye una instancia superior de ciertas tendencias presentes durante la temprana Guerra Fría. Se trata de un momento marcado por una centralidad cada vez más fuerte de los procesos revolucionarios y de liberación de los países coloniales y semicoloniales en la escena mundial y en el imaginario de los países desarrollados. Esta presión de la periferia sobre el centro no sólo agudizó las tensiones en el mundo capitalista desarrollado, como venía pasando desde el periodo anterior, sino que también saco a la luz las tensiones del llamado campo del socialismo real introduciendo el eje norte/sur en la oposición oeste/este así como dibujando una representación de las nuevas sociedades post coloniales más vario pinta y plural. Estos procesos que se producían en la esfera de las relaciones económicas y políticas entre centro/periferia se expresó en un interés por la indagación y apropiación de distintos tópicos de las sociedades coloniales y semicoloniales desde el campo intelectual crítico del mundo desarrollado y en la instalación de distintas representaciones “tercermundistas” en el campo simbólico de un mundo en vías de globalización mediática. Entendemos que este doble proceso tuvo una consecuencia bastante importante: ayudó a la emergencia de un mundo con valores postracistas. Una escena mundial, y un mundo desarrollado, donde no se había extinguido la discriminación, no se habría solucionado la desigualdad de oportunidades derivadas de la alteridad, ni se había agotado el etnocentrismo y el prejuicio pero en el cual estos valores y esquemas ya no podrían volver a detentar el grado de legitimidad de tiempos pretéritos. En este mundo en el cual la periferia golpeaba con tanta fuerza la frontera entre periferia y centro se volvían más borrosas e inestables. La visibilidad de las propias contradicciones y desniveles en el mundo del capitalismo central y los problemas de minorías y migrantes representaron un mentis en los hechos de la tan mentada prosperidad de las sociedades de posguerra y las bondades integradoras del modelo del Welfare State. En ese mundo, donde pese a la emergencia de una nueva izquierda audaz que hasta lograba llegar por momentos puntuales a las masas, el consenso alrededor de la democracia liberal y el capitalismo no eran fáciles de erosionar desde adentro. En ese escenario las luchas del Tercer Mundo parecían dibujar un nuevo equilibrio donde se contemplaba, desde la perspectiva periferia/centro un triunfo de la revolución mundial. Contradicción que ya cada vez menos gente confiaba se resolviera por la iniciativa y el liderazgo de la URSS como súper potencia hegemónica del bloque de los países del llamado “socialismo real”. Si los campesinos vietnamitas estaban venciendo al ejército más poderoso del mundo en la ofensiva del Tet, mientras estudiantes y obreros paralizaban Francia, no era insólito pensar que la fortaleza del sistema podía caer. El llamado del Che a formar dos, tres, muchos Vietnam no era leído como una expresión de deseos. Sino, de manera comprensible, como un programa que tenía una sólida apoyatura en los hechos.


Imagen 23. La niña del Napalm. Guerra Fría y genocidio. http://time.com

Si se nos permite utilizar una imagen literaria creemos que se puede comparar la búsqueda de la izquierda de los países desarrollado en el 68 de aliados en las masas del Tercer Mundo con la búsqueda del Preste Juan por los estados cristianos europeos en los siglos XIII y XIV. Ante la presión de los estados musulmanes sobre los límites de la cristiandad el papado y los reinos cristianos se preguntaron por la existencia de eventuales aliados situados a la retaguardia del mundo islámico. Así se difundió la leyenda del Preste Juan, un rey cristiano que imperaba más allá de los estados islámicos y que podría ser la cabeza de esa gran alianza anti islámica. Finalmente esta búsqueda tomó el carácter de una acción diplomática de los representantes del Papa junto a los emperadores tártaros, herederos del Genghis Kan, que, según se creía, se habían convertido al cristianismo. En el momento del 68 Vietnam y otros países del Tercer Mundo en lucha se había convertido en una nueva versión de los reinos cristianos del fin del mundo que podían garantizar el triunfo de la revolución socialista a nivel mundial. Y el líder vietnamita Hồ Chí Minh se había convertido en un firme candidato a ser el Preste Juan del siglo XX. Pero para muchos otros podía serlo Mao Tse-Tung, Lumumba, Mulele, el guerrillero rebelde del Congo, etc. Por su parte el Che, asesinado en La Higuera, adquirió, en esta nueva mitología insurreccional, el rostro de Jesucristo, que como había escrito Walter Benjamin, iba a volver a la tierra no sólo como Mesías sino también como el vencedor del Anti Cristo… imperialista. ¡Y luego que no pretendan los blancos, racionalistas, occidentales decir que los mitos no son un importante motor de la historia!


Imagen 24. El movimiento chicano también tomó la palabra en el 68. www.timetoast.com

Nunca desde la Revolución francesa, cuyos ecos llegaron hasta los ingenios de Santo Domingo y a la América criolla levantada en armas contra el rey de España, y en, ese nunca, no ánimos hasta a incluir al octubre ruso; los imaginarios revolucionarios y liberacionistas convocaron y aunaron referencias y representaciones tan repartidas por la geografía del planeta. En una fecunda yuxtaposición de imaginarios, en la que la presión de los hechos de la periferia sobre el centro jugo el papel principal, la ciudadela del sistema parecía estar cercada por un doble y hasta un triple dispositivo de fuerzas dialécticamente relacionadas. A la huelga general/primavera democrática que florecía en el capitalismo desarrollado se correspondía el predominio del modelo de guerra insurreccional en el Tercer Mundo y, en algunas formulaciones, la primavera democrática/antiburocrática en los regímenes del “socialismo real”. Nunca la palabra mundial parecía haber estado mejor puesta a continuación de la palabra revolución. Nunca el mundo pareció estar más cerca de llegar a ser, de una vez y para todas, de todo el mundo.

Más allá de la derrota de los procesos revolucionarios de hace medio siglo, más allá que nos enfrentamos a datos de una realidad estructural distinta. Incluso más allá que la desigualdad material y la asimetría en el goce de derechos concretos entre los habitantes de las distintas regiones del mundo no ha dejado de agravarse el espíritu del momento del 68 y sus intentos de leer la relación periferia/centro representan un legado invalorable para ser rescatado y repensado en forma crítica. En un tiempo en el que, tácitamente, se nos quiere convencer que en el mundo que vivimos sobra cada vez más gente resuenan con fuerza las palabras esperanzadas del cantautor que hace medio siglo, las entonaba desde el sur del planeta:

Están cambiando los tiempos para bien o para mal. Para mal o para bien nada va a quedar igual Los tiempos están cambiando están cambiando qué bueno. Siempre el mundo será ancho, pero ya no será ajeno (Daniel Viglietti, El cielito de los muchachos).


Imagen 25. Movilizaciones en Uruguay por la muerte de Liber Arce (1968). http://www.eleditor.net

 

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[1] Buenos Aires: Metrópolis, 2018.

 

Cómo citar este artículo:

DE LUCIA, Daniel Omar, (2018) “La dialéctica periferia/centro en el momento del 68”, Pacarina del Sur [En línea], año 10, núm. 37, octubre-diciembre, 2018. ISSN: 2007-2309.

Consultado el Martes, 13 de Noviembre de 2018.

Disponible en Internet: www.pacarinadelsur.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1689&catid=9

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